El nuevo comandante de los marines filipinos, general Nelson Aliaga, anunció que la crisis creada ayer en el cuartel manileño de Fort Bonifacio, sede de ese cuerpo, ha terminado y que todos los militares implicados obedecen a sus mandos. «La cadena de mando se ha restablecido», dijo Aliaga ante una multitud congregada en la capilla del cuartel, a la que aseguró que tiene el apoyo de todos los soldados del cuerpo.
Junto a Aliaga se encontraba el coronel Ariel Querubin, el oficial de marines que provocó el atrincheramiento en la base militar para protestar por el reemplazo que consideró «injustificado» del jefe de la Infantería de Marina, el general Renato Miranda, al tiempo que pidió la ayuda de todos los filipinos
Los marines son algunas de las unidades militares que se rumorea estuvieron implicadas en la conspiración golpista que llevó a la presidenta Gloria Macapagal Arroyo a declarar el estado de emergencia nacional el viernes pasado. El reemplazo del general Miranda se anunció oficialmente en la tarde de ayer como un cambio solicitado por el interesado, pero ni Querubin ni muchos de sus compañeros de armas lo creyeron.
Durante varias horas y hasta casi la medianoche hora local, Aliaga y Querubin negociaron en privado, mientras centenares de civiles, entre ellos muchos religiosos y opositores, acudían al llamamiento del oficial rebelde y celebraban una vigila en el recinto de la capilla del cuartel.
Entre los congregados se contaron diputados opuestos a la presidenta Arroyo, numerosos curas y monjas, y el senador y ex militar Rodolfo Biazón, que en 2003 hizo de mediador en el motín de unos 400 soldados en el distrito financiero de Makati. También respondió al llamamiento la ex presidenta Cory Aquino, a quien sin embargo las fuerzas de seguridad no permitieron llegar hasta el cuartel.
Querubin apeló asimismo a la Iglesia, pero el arzobispo de Manila, Gaudencio Rosales, prefirió no seguir los pasos del fallecido cardenal Sin -que lideró las revueltas populares de 1986 y de 1991 que destituyeron a Marcos y al presidente Estrada, respectivamente- y anunció que no había convocado al pueblo a las calles.
Según declaró el capitán de marines Geronimo Malabanan a la cadena de televisión ANC, toda la crisis ha sido «un malentendido en el traspaso del mando». Agregó que Querubin no está detenido y que si se emprende alguna sanción contra él lo tendrá que decidir el nuevo director de la Infantería de Marina, Aliaga.
El jefe de las Fuerzas Armadas, general Generoso Senga, opinó que Querubin debería haberse limitado a transmitir por los canales oficiales su descontento en vez de organizar una demostración pública.
Mientras todo el país seguía en directo por televisión los acontecimientos en Fort Bonifacio, el Gobierno filipino mantenía que se trataba de un «asunto interno» de los militares y que la situación estaba bajo control, si bien anunció la suspensión de las clases el lunes en los colegios de Manila.
El portavoz presidencial, Ignacio Bunye, declaró en un comunicado al filo de la medianoche que «estamos satisfechos de que haya prevalecido la calma entre la gente. El general Aliaga tiene razón al decir que el Ejército debe ser profesional y no debe ser utilizado por intereses oscuros».
Conspiración
El Gobierno y el Ejército insisten desde que el viernes se declaró el estado de emergencia en que la medida se impuso para evitar que una alianza entre soldados derechistas, la guerrilla comunista y la oposición de izquierdas perpetrara un golpe de Estado. El jefe de información de las Fuerzas Armadas, coronel Tristan Kison, dijo que hay documentos que lo prueban.
El portavoz presidencial, Bunye, llegó a entregar ayer a los periodistas una «cronología de la conspiración» detallando diversos acontecimientos de la semana anterior a la declaración del estado de emergencia. Varios opositores han sido detenidos en virtud del estado de emergencia y los medios de comunicación han sido advertidos de que no apoyen a quienes buscan la destitución de la presidenta por acusaciones de fraude electoral y corrupción.