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Lunes, 27 de febrero de 2006
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POLÍTICA
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«Seguiremos aquí pese al susto»
El matrimonio herido por una bomba casera en Vitoria se instaló en Euskadi hace 3 meses, procedente de Valladolid
ATAQUE. Un periodista toma imágenes del cajero donde se produjo la explosión. / JON RODRÍGUEZ
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«Creo que seguiremos aquí, pese al susto». Lo dice María Jesús Velasco postrada en una cama del hospital Santiago Apóstol de Vitoria, y se refiere a permanecer en territorio vasco tras la explosión de una bomba casera destinada a reventar un cajero automático del BBVA en la Plaza Gregorio Altube de la capital alavesa. Puerta y techo de la entidad bancaria resultaron dañados la noche del sábado por la onda expansiva de un artefacto incendiario mixto, compuesto por una bombona de cámping gas y pólvora. Un episodio más de 'kale borroka', del que María Jesús y su esposo, Luis Miguel Rojo, salieron con quemaduras en el rostro y las manos. Recién llegados de Valladolid, sólo llevaban viviendo tres meses en Euskadi.

Eran las 23.40 horas y el matrimonio pasaba justo por delante del objetivo de los violentos. «Gracias a Dios, no ha pasado nada comparado con todo lo que llegué a pensar en el momento de la explosicón», recuerda con el miedo todavía instalado en sus ojos esta mujer de 48 años. «Sí, pudo haber sido mucho peor», admite su marido, de 49, que recibió a mediodía de ayer el alta médica porque sus lesiones «no presentan ya complicaciones».

También ella está fuera de peligro. Los facultativos «nos han dicho que, si fuera sólo por las quemaduras, le habrían dado ya de alta, pero la han visto muy nerviosa, alterada, muy afectada, y pasará aquí la tarde y noche del domingo», explicaba Luis Miguel a este periódico. Los servicios de urgencias apreciaron a su llegada quemaduras de primer y segundo grado en las zonas que llevaban descubiertas; más severas las de ella, aunque en ambos casos de pronóstico leve.

«Estábamos enteros»

«Una cosa es contarlo ahora, en frío, cuando ves que no ha pasado lo peor, lo que llegas a temer, y otra vivirlo», confiesa María Jesús. «Fue horroroso. Me asusté mucho, pero luego comprobé que los dos estábamos enteros y me tranquilicé bastante, aunque le veía a ella herida», revive el hombre.

La pareja atravesaba a pie el barrio de Aranbizkarra, cerca del lugar donde residen, en la calle, curiosamente, Valladolid. «Íbamos a sacar dinero, pero no exactamente a esa oficina, sino a otra de Caja Laboral que teníamos localizada en la zona», prosigue Luis Miguel. «Simplemente, pasábamos a la altura de ese otro banco -detalla María Jesús-. Teníamos intención de volver a casa pronto, en cuanto realizáramos la operación». La bomba explotó.

Acabaron en el hospital, y ahora creen que también acabarán sus días en el País Vasco. Al menos, su vida laboral. «Pienso que nos quedaremos, aunque siempre con un fondo de miedo», resumía María Jesús en la soledad de su habitación. Luis Miguel se había ausentado por un momento de su lado. Había ido a la estación de autobuses de Vitoria, a recoger a una de sus dos hijas, que llegaba de la capital castellana tras conocer el alcance del suceso.

«El País Vasco le gusta mucho a Luis y no dudamos cuando nos salió la oportunidad de venir a trabajar aquí», confía María Jesús Velasco. Ambos desempeñan su labor profesional para una contrata de limpiezas que trabaja para la fábrica vitoriana de la multinacional de neumáticos Michelín.



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