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Lunes, 27 de febrero de 2006
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VIZCAYA
VIZCAYA
Vizcaya registra 270 casos anuales de tuberculosis, la mitad que hace diez años
Sanidad realiza una indagación muy pormenorizada de cada caso para localizar y combatir los contagios
CONTROL. Un médico especialista examina una radiografía realizada a un paciente con tuberculosis. / EL CORREO
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POR COMARCAS
Bilbao: la villa registró en 2004 una tasa de 30,6 casos por cada 100.000 habitantes. El índice varía mucho según distritos: la cifra más alta se da en Ibaiondo, que incluye el Casco Viejo y San Francisco, con 51,5 por 100.000. En cambio, Basurto no alcanzó el 15 y Otxarkoaga y Txurdinaga se quedaron en 16,6.

Margen izquierda y Las Encartaciones: 21,2 casos por 100.000 residentes.

Uribe-Kosta: 22,5.

Interior: 23,2.

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La tuberculosis carga con una leyenda negra que también parece contagiarse a quien contrae la enfermedad. De hecho, es una de las pocas patologías que han dado lugar a su propio sustantivo: quien la padece se convierte en un tuberculoso, término de resonancias terribles que evoca sanatorios, esputos con sangre y muertes tempranas. Y, sin embargo, la tuberculosis de hoy no tiene nada que ver con aquella siniestra maldición. Cada año, se producen en Vizcaya unos 270 casos -en 2004, último año del que se ha completado el registro, fueron 279- y tienen que tratarse otras tantas personas que se han infectado del bacilo sin llegar a desarrollar el mal.

Las cifras quedan muy lejos de las que se registraban a principios del siglo XX, cuando se inauguró en Bilbao el primer Dispensario Antituberculoso, e incluso de las de hace una década. La tasa de casos por cada 100.000 habitantes, que en Vizcaya es ahora de 24,8, se situaba casi en el doble allá por 1996. El territorio figuraba entonces entre las zonas de incidencia alta, según las tablas de la Organización Mundial de la Salud, pero el índice fue descendiendo de forma continuada, año tras año, hasta estabilizarse en 2002. En los últimos ejercicios, la enfermedad se muestra tozuda y no cede terreno. «Se ha reducido la velocidad de la bajada», explica Concha Castells, epidemióloga de Osakidetza.

Los inmigrantes han influido en esta ralentización, aunque las teorías populares sobre su papel determinante en la persistencia de la enfermedad no andan bien encaminadas. Según las estadísticas de Sanidad, sólo el 10% de los casos vizcaínos corresponde a pacientes extranjeros, frente a situaciones como las de Madrid o Cataluña, donde la proporción ronda ya el 30%. «También se puede decir al revés: el 90% son autóctonos», puntualiza la especialista. En términos absolutos, enfermaron de tuberculosis 29 inmigrantes: cuatro de la UE, dos de la Europa extracomunitaria, diez latinoamericanos, seis subsaharianos, tres magrebíes y cuatro asiáticos. «Vienen de países con mayor incidencia, pero hay que tener en cuenta que suele tratarse de personas jóvenes, sanas y fuertes. En este momento, no es un problema para nosotros», comenta Castells.

Indagación

Otro factor que ha influido en el ritmo de la mejora es el sida: en 1996, más de cien enfermos de tuberculosis presentaban este factor de riesgo, pero la eficacia de los retrovirales dio lugar a una veloz bajada en los siguientes ejercicios. Sin embargo, parece que ese descenso ha alcanzado su mínimo: en 2004, sufrían el síndrome 27 tuberculosos, cantidad muy similar a la de años anteriores.

El Plan Vasco de Salud plantea para 2010 una tasa de diez casos de tuberculosis por cada 100.000 habitantes, menos de la mitad de la actual. Para avanzar hacia esa meta existen varias claves: es imprescindible un diagnóstico temprano, pero también que los enfermos concluyan un latoso tratamiento que dura medio año. Además, las autoridades sanitarias emprenden una indagación de tintes casi detectivescos alrededor de cada caso, con vistas a localizar a todos los posibles contagiados. En Vizcaya, tres enfermeras se dedican exclusivamente a gestionar el programa de tuberculosis, y son ellas quienes estudian los contactos del paciente y rastrean las fuentes del bacilo. Las personas infectadas que no han desarrollado la enfermedad reciben su propio tratamiento, también de seis meses, que en 2004 se prescribió a 342 vizcaínos.

En lo que más ha cambiado la enfermedad es en sus consecuencias, incomparables hoy en día con las que le valieron el sobrenombre de 'peste blanca'. «No tenemos muertes de tuberculosis, porque la terapia es muy efectiva, pero sí tenemos muertos con tuberculosis», argumenta Castells. De los 279 enfermos de 2004, murieron 27, de los que el 63% superaba los 65 años, cuatro sufrían sida y siete estaban inmunodeprimidos por alguna causa. Ya sólo falta que, poco a poco, los antibióticos que combaten el bacilo también vayan acabando con la pertinaz leyenda negra.



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