Me sorprende, mi señor Zapatero, que los suyos no usen ya la expresión «negociar con ETA», sino el nuevo paradigma de la corrección política: «proceso de paz». La diferencia es que un proceso de paz no tiene costes, es un sintagma hecho con palabras bonitas que orilla con mucho cuidado los conceptos esquinados. Negociar con ETA supone sentarse frente a un sindicalista duro, algo cabrón, si me permite que me ponga coloquial, pero haría falta ser un canalla para no ser partidario de un proceso de paz. Un proceso de paz es una suspensión ingrávida en el cielo, estar sostenido por el soplido de una cuadrilla de angelotes de esos que hinchan los mofletes en los cuadros de Murillo, según rezaba aquella canción procaz que tantos aprendimos en la mili sin mucho fundamento: los ángeles que soplan de verdad son los de Botticelli en 'El nacimiento de Venus'.
Ha invitado usted al PP en el multitudinario mitin sevillano a «ganar la paz» al día siguiente de que en una manifestación, más multitudinaria aún, se les invitase a ustedes a derrotar a ETA. Esos eran los términos en que estaba escrito el Pacto Antiterrorista. No sé si era lo que usted pensaba cuando se lo propuso a Aznar, pero muchos ciudadanos no creen que eso sea lo que piensa hoy.
Debería usted entenderse con Rajoy, aunque sólo sea en dos cuestiones: el fin del terrorismo y la reforma constitucional y estatutaria. Debería dar por acabada la vigencia del anexo del Pacto del Tinell, una cláusula solamente superada en indignidad democrática por el 'pacto del capó', del 24 de febrero de 1981; por el pacto que el PNV y EA firmaron con ETA durante el verano de 1998 y por el acuerdo de Perpiñán de enero de 2004.
Su natural optimismo debería escarmentar en las experiencias de Felipe y Aznar. Los dos lo intentaron. Los dos fracasaron. No parece que la conclusión más razonable sea: «yo también tengo derecho». No creo que la oposición deba «apoyar al Gobierno aunque se equivoque». Es mucho más práctico que se esfuerce en ahorrar equivocaciones al mando. El propio ejecutivo debería evitar cometer errores, aun sin la ayuda de la oposición. Que ésta se equivoque es mucho menos relevante.
Verá, yo no creo que los gobiernos tengan derecho a patinar en la seguridad de los ciudadanos y el suyo lo hará si no escoge a los socios adecuados. Si se trata de negociar con ETA, será mejor pactarlo con el principal partido de la oposición, no con los partidarios de negociar a toda costa, incluso con asesinatos. Si se trata de reformar la Constitución, es preferible el otro gran partido constitucional, que quienes nunca aceptarán como suya una constitución que sea española, ni con los partidarios de una autodeterminación que usted negó en términos rotundos el pasado miércoles en el Congreso.
Tarea para los próximos días: discutir el significado de las palabras «no», «nunca» y «jamás».
s.gonzalez@diario-elcorreo.com