Los avances científicos y médicos han abierto la puerta en las últimas décadas a la posibilidad de prolongar más allá del parto la misión vital que el cordón umbilical tiene durante el embarazo. Hoy el cordón umbilical puede no ser desechado tras el alumbramiento, pues la sangre que contiene se ha transformado en fuente de vida, de esperanza para muchas personas con graves enfermedades hematológicas como leucemias o linfomas. La sangre de cordón umbilical (SCU) se ha convertido, desde que en 1988 se realizó el primer trasplante, en una importante fuente de células especializadas en la renovación permanente de células de la sangre, alternativa a la tradicional fuente de médula ósea. No sólo porque las células madre hematopoyéticas que contiene son más fáciles de recoger y almacenar y están disponibles con mayor rapidez, sino porque, dada su inmadurez inmunológica, al ser trasplantadas inducen menos reacciones de rechazo que las células de la médula ósea de un donante.
De acuerdo con los datos de la Organización Nacional de Trasplantes, entre 1994 y 2003 se realizaron en España 239 trasplantes de SCU. Un 39% de esas unidades procedían de nuestro país, un 25% de EE UU, un 13% de Alemania, un 12% de Italia... Las unidades almacenadas en los bancos españoles también han sido utilizadas para trasplantes en otros países. Cualquier paciente del planeta tiene a su disposición las casi 200.000 unidades conservadas en diferentes bancos de cordón de titularidad pública. Más de 17.000 de esas unidades se encuentran en los bancos españoles, en las comunidades de Madrid, Galicia, Andalucía, Valencia, Cataluña y Canarias. España se encuentra a la cabeza también en este tipo de donaciones (primer país en Europa en número de unidades de sangre de cordón almacenadas y el segundo en el mundo, tras EE UU).
Pero aun reconociendo el valor de estas cifras y aunque es cierto que todavía es una incógnita el número idóneo de unidades de SCU almacenadas recomendable en un país o zona determinada, los expertos señalan que deberíamos conseguir, a nivel mundial, las 800.000 unidades almacenadas. En ese mismo sentido, los responsables del REDMO (el Registro de Donantes de Médula Ósea de nuestro país) afirman que «para asegurar la disponibilidad de donante para el máximo número posible de pacientes, se debe conseguir que los registros de donantes de médula y los bancos de sangre de cordón dispongan del máximo número de donantes voluntarios y de unidades criopreservadas». Las opiniones de muchos expertos apuntan a que las donaciones siguen siendo necesarias. Cada una aumenta las posibilidades de que las personas enfermas a la espera de trasplante encuentren el donante compatible.
Sin embargo, frente a esa donación altruista y solidaria que es fuente de vida y esperanza para las personas enfermas a la espera de un donante compatible, proliferan y se publicitan, en ocasiones de forma poco ética, empresas y bancos de cordón privados que ofrecen a los futuros padres la posibilidad de guardar durante años la sangre del cordón umbilical para un hipotético uso en el futuro. Esas empresas, que cobran diferentes cantidades por conservar la SCU y que han intentado instalarse en España, sin éxito por la negativa de las comunidades autónomas a conceder las autorizaciones necesarias, se presentan como un nuevo seguro biológico de vida, como una llave para el futuro.
Los bancos privados dicen a sus potenciales clientes que «si no se han conservado las células madre del cordón umbilical es necesario encontrar donante compatible y esto puede ser tan difícil que un 40% de las personas que buscan no lo encuentran». No dicen que es muy poco probable que un niño requiera un trasplante de estas células y que es también poco probable que, en caso de necesitarlo, la sangre de su propio cordón umbilical sea el tratamiento de elección. No dicen tampoco que si las donaciones disminuyen será aún más difícil encontrar donante compatible.
Oponen a la donación solidaria, que abre puertas a la esperanza ante la enfermedad cierta de miles de personas, la conservación interesada que podría ser -y es obligado emplear el condicional- seguro de vida ante la enfermedad probable, poco probable, del propio donante. Ante esto los expertos del Grupo Europeo de Ética de las Ciencias y las Nuevas Tecnologías ya han alertado del peligro que esa proliferación de bancos privados -algunos ofrecen franquicias a quienes «buscan una oportunidad de negocio»- puede representar para el futuro de los bancos públicos. En su Informe de marzo de 2004 señalaron que «si el número de bancos privados de sangre de cordón prolifera y aumenta, los bancos públicos podrían ser privados de posibles donantes». Parece obvio que quien guarda no dona.
Llegados a este punto, quizás sea oportuno recordar que el sistema español de trasplantes, pionero en el mundo, se ha caracterizado por basar la donación en el altruismo y la solidaridad. La UE ha insistido recientemente en los mismos principios. Así, la Directiva 2004/23/CE sobre la donación de células y tejidos humanos establece en su artículo 12 que los Estados miembros se esforzarán por garantizar las donaciones voluntarias y no remuneradas, así como por garantizar que la obtención de tejidos y células se efectúe sin ánimo de lucro. El Parlamento Europeo y el Consejo de la UE insisten en que «los programas de aplicación de tejidos y células deben basarse en el principio de la voluntariedad de las donaciones y la no remuneración, el anonimato del donante y el receptor, el altruismo del donante y la solidaridad entre donante y receptor».
Sirvan estas líneas para defender esos principios. Para defender, como ya hicieron hace años los expertos de la Comisión Permanente de Trasplantes del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud en su Informe sobre los trasplantes de sangre de cordón umbilical, que los Bancos de Cordón se desarrollen «asegurando que la recogida y distribución de SCU se realizará con independencia de la raza, nivel social o grupo étnico» y garantizando que «la distribución se realizará únicamente sobre la base de criterios clínicos e inmunológicos entre la SCU y el receptor».