Si como decía DaVinci «el agua es el vehículo de la Naturaleza», hoy habría que convenir en que es un vehículo natural averiado, desastrado y cochambroso que no pasaría la ITV. Unicamente el 11% de las aguas de los ríos españoles cumple los requisitos de calidad de la UE. Lo del riachuelo claro y cristalino, corrientes limpias y cantarinas pertenece a un lenguaje obsoleto y cuando menos falaz. A los peces autóctonos los devoran los exóticos foráneos. La contaminación devasta toda vida en un lago de montaña o en una charca. En la locura humana depredadora y sucia no caben distinciones ni jerarquías. Se carga desde el humilde arenque en conserva hasta el caviar.
Le llaman el 'oro negro' y no es petróleo sino manjar de ricos que a muchos pobres no les gusta: paladares resignados de papilas proletarias. Las guías exquisitas recomiendan pasar por 'chez Petrossian' en París y hacerse con una lata de 250 gramos de Beluga Royal, la calidad superior, que viene a salir por unos 1.250 euros, es decir como si te tragaras en tres bocados el salario mensual enlatado de un 'mileurista'. Todo apunta a que la inasequible vianda se va encarecer mucho más: los esturiones del mar Caspio cuyos huevos abastecen las mejores variedades están desapareciendo, víctimas de la sobrepesca y del tráfico internacional. El organismo de la ONU que vela por el comercio de las especies salvajes en vías de extinción, prohibió a los países ribereños, Rusia e Irán preferentemente, pescar esturiones. Medida que no se sabe muy bien cómo habría de surtir efecto, puesto que los rusos aseguran que el 90 % de la producción escapa a los circuitos legales.
Hay que añadir que, para su desgracia, una hembra beluga es prolífica paridora y pone alrededor de 15 kilos de huevos. La de latas que trae al mundo una madre esturiona. Ella sola da para atracarse de caviar en un banquete de campañillas. A ver que pescador se resiste a tan bonita presa.