La inmensa mayoría de los alaveses nos sentimos ligados sentimentalmente a nuestro primer club de fútbol, el Deportivo Alavés. Por encima de quiénes sean sus accionistas o sus gestores, los que vivimos en esta tierra sentimos con intensidad todo aquello que ocurre en el club. Más allá de que seamos forofos, sólo aficionados o incluso pasemos del fútbol, el Álaves es nuestro, es un sentimiento de pertenencia que todos los que vivimos aquí tenemos muy arraigado.
En el párrafo anterior he repetido tres veces el concepto de sentimiento. Porque creo firmemente que lo que hace grande a un club deportivo (como a otras muchas cosas en esta vida) es esa sensación que nos une a él, ese sentimiento de pertenencia, esa certeza que tenemos de que es de todos. Que es nuestro, que es NUESTRO Deportivo Alavés
Tristemente, en los últimos tiempos, los alaveses nos estamos enfrentando a una ruptura de esa realidad. Los actuales gestores del Deportivo Alavés han roto con quienes han mantenido este club durante casi un siglo, en los tiempos de éxito y alegría, pero sobre todo en los tiempos difíciles. Sin afición no hay equipo.
Creo, como diputado general de Álava, que las instituciones tenemos que estar de forma incondicional junto a esa afición y que sabremos estar a la altura de las circunstancias, con discreción y firmeza. Espero que el actual equipo directivo también lo esté, por el bien de la afición, del equipo y de todo lo que representa para los alaveses.