La historia de Fernando Martín es la de un amante de la química y la ingeniería que un buen día decidió abandonar su Valladolid natal para probar suerte en Madrid. Casado y con dos hijos, comenzó en la política -como Florentino- en la antigua UCD. En el mundo de la construcción realizó sus primeras incursiones en Dragados. Se percató pronto de que el mundo del ladrillo le solucionaría la vida. Se le define como un «habilidosísimo hombre de negocios, que sabe oler a distancia dónde existe una oportunidad para invertir».
Este olfato le ha encumbrado a lo más alto del mercado inmobiliario y, ahora, a la presidencia del Real Madrid. Montó su propia inmobiliaria, Martinsa, en un pequeño piso del Paseo de la Habana. Ahora cuenta con un lujoso local en la Castellana, a pocos metros del Bernabéu. Su gusto por los números y las relaciones -se le asocia a un clon de Florentino Pérez- permitió que su empresa fuera ganando mercado en Madrid. Lo que compraba por cien lo vendía, al poco tiempo, por cuatrocientos. Un antiguo cliente recordaba ayer a ABC lo que tuvo que sudar para cerrar con él una operación. «Me vendió un local por 300.000 pesetas el metro cuadrado. Dos días después me llamó para recomprármelo por 500.000, ya que había encontrado a quien le ofrecía 800.000».
Posee un 3% de la eléctrica Unión Fenosa y más del 8% del 'holding' inversor Ibersuizas. Además, acumula dos millones de acciones tanto del BSCH como del BBVA y unos 930.000 títulos de Telefónica. Sus inversiones superan los 552 millones de euros. En lo deportivo, defiende a ultranza a Guti y apadrina el posible fichaje de Henry.