La hostilidad sindical, la irritación italiana y la necesidad de reformar una ley promulgada hace sólo año y medio son las primeras consecuencias de la anunciada fusión entre el grupo público galo Gaz de France (GDF) y la empresa privada franco-belga Suez. El emporio resultante de la operación, que debe consumarse en el segundo semestre de este año, será en Europa el quinto productor de electricidad, el operador de la principal red de transporte y distribución de gas y el líder de los servicios de energía y gas licuado, según las dos empresas en vías de fusión. El Estado galo será su primer accionista, con entre un 34% y un 35% del capital, lo que le permitirá bloquear cualquier operación.
En el contexto actual de las grandes maniobras en el mercado energético europeo, la teórica absorción de Suez por GDF es la perfecta ilustración del 'patriotismo económico', el concepto con el que el Gobierno conservador francés disfraza la defensa por el Estado de los intereses nacionales frente a las amenazas de la globalización. «La independencia energética de nuestro país es un reto estratégico para Francia», proclamó el primer ministro, Dominique de Villepiun, el sábado por la tarde cuando anunció por sorpresa los esponsales.
El matrimonio de conveniencia es la respuesta no confesada de París al interés mostrado días antes por el grupo italiano de electricidad Enel para adquirir Suez. Frente a las denuncias de violación del derecho comunitario procedentes de Roma, el Ministerio de Asuntos Exteriores francés replicó que la fusión no puede «más que beneficiar al conjunto de Europa». Su responsable, Philippe Douste-Blazy, dejó bien claro que el Ejecutivo galo hace «todo lo posible» para crear «campeones nacionales» como el resultante de la fusión entre esas dos compañías; una operación que, según sus palabras, se viene fraguando «desde hace meses» y que no es una reacción a la OPA hostil con la que ha amagado hostil. Aunque aseguró que la alianza ha sido decidida exclusivamente por ambas compañías, admitió que a ningún Gobierno le puede molestar la constitución de un «gran grupo mundial». «En Francia, como en otras partes, amamos las victorias, la competitividad, ganar, conquistar mercados...», proclamó.
«Al dotarse de un nuevo líder mundial, Francia y Bélgica toman ventaja en un momento en el que las fuerzas tratan de reagruparse paralelamente en España, Reino Unido, Alemania e Italia», argumentó el titular de Economía y Finanzas, Thierry Breton. «Es una buena noticia para nuestra seguridad energética y para Europa, que sale reforzada», agregó el ministro francés.
Inquietud sindical
Mucho menos entusiastas, cuando no inquietos u hostiles,se mostraron los responsables sindicales con los que Breton inició una ronda de explicaciones. Las centrales, que estudian una respuesta concertada a lo que consideran una privatización total del servicio público de la energía, observan con preocupación el eventual impacto en materia de empleo en un grupo de 210.000 trabajadores, de los cuales unos 160.000 corresponden a la empresa privada Suez.
Además de la amenaza sobre los puestos de trabajo, la CGT -confederación comunista y mayoritaria en el sector- denunció la competencia directa que el nuevo grupo crearía a la compañía eléctrica pública EDF en la perspectiva de la apertura total del mercado europeo de la energía el 1 de julio de 2007. También criticó la falta de credibilidad de un Gobierno que el verano de 2004 se comprometió por ley a mantener al menos del 70% del capital de GDF.
Ahora el Ejecutivo tendrá que modificar la legislación por vía parlamentaria para permitir el recorte de la cuota pública, que ahora es del 80,2%. Breton señaló que el Estado tendrá entre el 34% y el 35% del nuevo grupo, lo que le convertirá en el primer accionista y detentor de la minoría de bloqueo. La oposición socialista ya ha arremetido contra la «improvisación, precipitación y privatización de una lógica financiera y no industrial».