El Correo Digital
Martes, 28 de febrero de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Racismo en las gradas
No es la primera vez que grupos de energúmenos dirigen intolerables insultos racistas a jugadores en los campos de fútbol, pero durante el encuentro Zaragoza-Barcelona del pasado sábado el camerunés Samuel Eto'o, harto de soportar la insidia, estuvo a punto de abandonar el terreno de juego. La persuasión de su entrenador y los integrantes de ambas plantillas logró que Eto'o terminara el partido.

El espectador que va al estadio aspira a contemplar un buen espectáculo deportivo en el que gane su equipo favorito. Pero es incuestionable que un sector del público aprovecha el amparo de la multitud para desahogarse, descargar adrenalina y dar rienda suelta a su agresividad. A estas alturas, parece poco probable que los que vociferan gritos racistas no sean plenamente conscientes de la gravedad de lo que están haciendo: vejar a un ser humano, violando así sus derechos más esenciales. No puede tolerarse que estos incidentes se prodiguen cada vez más. Y no sólo en España; no hay más que recordar el reciente episodio con Zoro, del Messina, a punto también de marcharse del estadio en un partido frente al Inter de Milán.

La Comisión Antiviolencia debe tomar inmediatamente cartas en el asunto para solemnizar el rechazo hacia estas actuaciones y fijar unas sanciones acordes con la magnitud y el alcance del problema. Con independencia de que los fiscales extremen su celo en la persecución penal de quienes lanzan los insultos racistas, está claro que los clubes en cuyos estadios se produzcan estos incidentes han de ser severamente sancionados, incluso con la clausura de los campos. Sólo así las aficiones entenderán colectivamente que no es posible compartir colores y amparar a grupos de delincuentes que violan, además del Código Penal, los principios más elementales de la deportividad.



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