Larrabetzu era ayer un pueblo aplastado por el dolor. La muerte de Iñaki, Gorka y Alain pesaba sobre el ánimo de todos los vecinos, que se detenían ante las esquelas para echar un último vistazo a sus rostros de niños. Fue una jornada muy larga, la más larga y penosa de la historia reciente del municipio, que culminó a las siete de la tarde con una concentración de duelo convocada por el Ayuntamiento. Cientos de personas se reunieron en la plaza, en silencio, para expresar a las familias su condolencia.
Treinta minutos antes de la hora, pese al frío helador, la Plaza de la Libertad ya empezaba a llenarse de personas con gesto duro y brillos en la mirada. Además de los vecinos -allí estaba toda la juventud del pueblo-, acudió al acto un nutrido grupo de compañeros de los adolescentes, tanto de su instituto como de los equipos deportivos en los que militaban. Cuando sonaron las campanadas de las siete en la iglesia de Andra Mari, el silencio que ya reinaba en la concentración se acentuó hasta adueñarse de la localidad durante quince minutos. Al cumplirse ese plazo, el alcalde, Tomás Ordeñana, avanzó unos pasos y agradeció su presencia a los asistentes, que cerraron el acto con un caluroso aplauso.
El regidor presidió el acto desde la puerta del Consistorio. Entre los participantes, que formaban un gran anillo en torno a la plaza, estaban Txema Noriega, Blas Ziarreta y Koldo Asua, representantes de la dirección deportiva del Athletic, acompañados por la psicóloga del club y todos los integrantes del equipo de infantiles en el que jugaba Iñaki. Los adolescentes llevaban aún en la cara el pasmo de la terrible noticia: «Era un chico encantador, hijo de unas bellísimas personas», resumía la madre de uno de los futbolistas. En un rincón de la plaza se agruparon compañeros de clase de los tres chicos en el instituto de Derio, muchos de ellos llegados en autobús desde otras localidades de la comarca. Algunos no eran capaces de contener el llanto y se abrazaban para darse fuerza: «Ha sido un palo», se lamentaban Irati, Amaia y Maitane.
Entre los adultos, Pili tampoco podía reprimir unas lágrimas que le recorrían toda la mejilla. «En este pueblo no hemos conocido nunca un mazazo así», se dolía. Ella y su marido, Santi, son vecinos de la familia de Iñaki -«ventana con ventana»- y también conocían a las demás víctimas. «¿Desde que nacieron! Unos chicos majísimos, unos niños encantadores. Porque eso eran: unos niños». Todo el pueblo coincidía al describir a los fallecidos, todos llevaban en la cara el sufrimiento acumulado desde que, el domingo por la noche, empezaron a sonar los teléfonos de las casas. «Ha sido un día terrible. Y los que vienen van a ser también muy duros, pero tenemos que apoyar a las familias», planteaba otra residente del municipio.
A media asta
Por la mañana, el Ayuntamiento de Larrabetzu había convocado un pleno extraordinario para poner por escrito el sentir del pueblo ante el dramático accidente. El Consistorio decretó dos días de luto -ayer y hoy- durante los que las banderas ondearán a media asta. En un comunicado leído ante los medios, la Corporación expresó su «consternación» por la muerte de los jóvenes y por las heridas que sufrió Patrik, otro de los ocupantes del coche. El alcalde y los ocho concejales transmitieron su «más sincera condolencia a las familias de los fallecidos y heridos» y se pusieron a su disposición «para todas aquellas gestiones, ayuda, apoyo o colaboración que sean necesarios».
Mientras los dirigentes municipales se reunían, decenas de vecinos de la localidad se concentraron en silencio en la plaza, en una prefiguración espontánea del acto de la tarde. Después de leer el texto, que quedó expuesto en las puertas de la casa consistorial, el alcalde y varios concejales acudieron a visitar a la secretaria general del Ayuntamiento, madre de uno de los fallecidos. Los ediles invitaron a todos los ciudadanos a asistir a los funerales, que se celebrarán en Andra Mari a las 18.00 horas de hoy.