A50 eurazos del ala se frisó el llenazo en el Palacio Euskalduna el domingo para ver, comparar e imaginar a unos clones de Abba que atendían por Waterloo y que vinieron con el reclamo de la presencia en sus nutridas filas del saxofonista y el guitarrista originales, o sea Ulf Andersson y Finn Sjöberg, dos caballeros canos con pinta de jubilados y deseosos de parecer juveniles.
Ambos fueron los que más clase y prestancia demostraron sobre un tablado repleto de gente vestida de blanco en plan barato y recorrido con gracilidad forzada por las dos vocalistas que cumplían los roles de Frida y Agneta (la rubia se cortaba más que la morena pizpireta, contenta al mostrar sus robustos muslos; ejem, no perdíamos detalle con los prismáticos) y repasaron con poca gracia, nula personalidad y envaramiento nórdico el legado de Abba.
«Le falta vidilla», sentenció nuestra acompañante de turno, y no le faltó razón, pues faltó brillo al reproducir un cancionero más coyuntural de lo que parece, alternando rock a lo E.L.O., pretencioso pop blando como el de Olivia Newton-John, piezas discoteque vía Boney M y éxitos recibidos sólo con fervor por el ampliamente cincuentón respetable al caer 'Chiquitita' y 'Fernando', los más hispanos.