Han pasado ya 30 años y casi nadie les recuerda. ¿Por qué deberían hacerlo? Casi nadie se acordó de ellos en su momento. A lo largo de su historia, España ha tenido colonias y luego ha dejado de tenerlas sin que a nadie pareciera importarle demasiado salvo en 1898, cuando Estados Unidos nos arrebató Cuba y Filipinas. En 1714 España perdió todas sus posesiones europeas, pero al suceder esto en medio de una terrible crisis de decadencia interna y guerra civil, pocos repararon en ello. En 1810-1821, las colonias de América se independizaron, pero entretanto la opinión publica española estaba absorbida por la desesperada guerra contra Napoleón y por las luchas civiles entre liberales y absolutistas. En 1956 España perdió sus mezquinas posesiones en Marruecos y fue como perder un monedero con algo de calderilla. En noviembre de 1975, mientras moría el pasado y comenzaba a nacer un futuro mejor, la población española tampoco reparó mucho en la perdida de la última posesión colonial española: el Sáhara Occidental.
Tras el desastre y la humillación de 1898, la vanidad de ciertos personajes civiles y militares les impulsó a restaurar la secular grandeza imperial de España rebañando colonias como fuera y donde fuera. Sin embargo, el país carecía de los medios para lanzarse a una política imperial. Por ello, el resultado de tantos esfuerzos se redujo a unos pocos jirones de territorios, huesos de mal roer. En 1909, mientras España conmemoraba el centenario de su épica resistencia frente al imperialismo napoleónico, el Gobierno español se preparaba para hacer en el Norte de África lo mismo que Napoleón había intentado en España. La respuesta de la población fue la misma en ambos casos: resistencia a ultranza. En el caso concreto del Sáhara Occidental, los habitantes, poco numerosos, no presentaron mucha resistencia, pero el territorio carecía de valor. Los yacimientos de fosfatos no se descubrieron hasta varias décadas después. El Gobierno sólo deseaba expandirse en los mapas para fingir que España era todavía una gran potencia.
El dominio español sobre el Sáhara Occidental no fue explotador u opresivo, pero llegó un momento en el que la población local se hartó del gobierno extranjero y un grupo de audaces decidieron sublevarse. Marruecos, que acababa de obtener su independencia, les garantizaba todo su apoyo pero España obtuvo la victoria gracias en parte al respaldo francés. Entonces Marruecos decidió apoderarse del territorio negociando con España. Los saharauis, sintiéndose traicionados, reaccionaron volviéndose antimarroquíes. Por eso, cuando en 1975 Marruecos se apoderó de la región, aprovechándose de la debilidad e indecisión del Gobierno español mientras Franco agonizaba, la población los recibió como invasores y respondió proclamando unilateralmente la independencia.
Con el apoyo argelino, una guerrilla bien organizada puso en jaque durante varios años a las fuerzas marroquíes y a sus aliados mauritanos. Nada de terrorismo, nada de volar embajadas, matar civiles u otras majaderías sanguinarias por el estilo. Toda la potencia de fuego disponible se empleaba contra el ejército enemigo, como dicta la lógica militar. Varias decenas de países en todo el mundo reconocieron al nuevo Estado. Marruecos nada pudo hacer, pues no podía romper relaciones con todos ellos. Peor todavía: la Organización para la Unidad Africana en bloque reconoció a la República Saharaui y la admitió como miembro. Sin embargo, tras varios años de graves derrotas, el ejército marroquí cambió de estrategia e hizo sentir su abrumadora superioridad numérica. Marruecos tenía 23 millones de habitantes mientras que los saharauis eran tan sólo unas pocas decenas de miles. Colonos marroquíes llenan ahora las antiguas ciudades saharauis. Esa gente no se va marchar voluntariamente, no importa lo que diga un hipotético referéndum.
Hubo un tiempo en el que los nómadas eran el terror de los sedentarios gracias a su agresividad y su movilidad. Durante la Edad Media, los nómadas saharauis, almorávides y luego almohades conquistaron Marruecos y otras regiones vecinas, incluido el Sur de España, pero a la larga fueron absorbidos. Luego se volvieron las tornas y la combinación de tecnología superior y número abrumadoramente más alto permitió a los sedentarios aplastar para siempre a los nómadas. En 1975 los saharauis estaban casi totalmente sedentarizados, pero de nada les sirvió. En realidad, su única esperanza era una convulsión interna en Marruecos que les permitiese soltar amarras como lo hicieron los países bálticos al entrar en crisis la URSS. Ahora, con tantos colonos ya instalados, la anexión del Sáhara parece un hecho consumado.
En 1956, Marruecos declaró que todos los territorios del antiguo imperio almorávide le pertenecían, lo que resulta irónico pues los almorávides no eran marroquíes sino extranjeros que conquistaron el país por la fuerza. Como Marruecos no era lo bastante poderoso, tuvo que tragarse la mayor parte de sus ambiciones imperiales y, tras años de esfuerzos, el Sáhara Occidental es lo único que ha conseguido. Una vez zanjado el tema a su favor, ¿se conformarán con lo ya logrado o intentarán resucitar sus viejas ambiciones territoriales sobre la esquina oeste de Argelia, la totalidad de Mauritania, el norte de Senegal, el norte de Mali, las Islas Canarias o los enclaves de Ceuta y Melilla?