El Correo Digital
Miércoles, 1 de marzo de 2006
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OPINIÓN
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Una quiebra interesada
Que el Partido Popular se posicione furibundamente en contra de una solución posibilista al terrorismo de ETA es natural. Es comprensible no porque los populares pretendan que contactar con ETA es pecaminoso. De hecho, como sabemos y así fue publicitado, colaboradores de confianza de Aznar -Zarzalejos, Fluxá y Arriola- intentaron construir bajo un Gobierno del PP un principio de escenario para la desembocadura de ETA. Por tanto, el PP no está en contra de una solución para el terrorismo vasco que pase por una 'negociación' técnica, que no política, con ETA. A lo que se oponen los populares es a que sea un gobierno nacional dirigido por el PSOE quien finalmente logre desactivar la amenaza etarra. Y que por ello pasen a la historia.

El escenario de Euskadi en el futuro próximo está poblado por actores, cada uno de los cuales juega la estrategia de sus propios intereses. La estrategia popular es que los socialistas no revaliden su mandato en La Moncloa. Así de sencillo. Además está el factor humano. Las estrategias de los grupos dependen mucho de quienes ocupan los puestos de responsabilidad en la organización. De manera que la estrategia popular actual es muy dependiente de la propia situación de Rajoy y de su equipo.

Entiéndase bien. El posicionamiento actual de Rajoy es el fruto de su propio fracaso anticipado. Los análisis del PP y del PSOE coinciden en un punto. Si Zapatero logra desactivar a ETA, tiene la reelección garantizada. En realidad, es el único puntal en donde puede fundamentar esa persuasión de la ciudadanía que sea diferencial para obtener un mínimo porcentaje de intención de voto que lo separe lo suficiente del PP en unos comicios. Porque, de momento, Zapatero no ha practicado esas políticas de centro que hacen que la media de la población se le adhiera en forma de bolsa de votos. Sus políticas han sido sociales y de izquierda, es decir, reforzadoras de la propia base social del PSOE. Por si fuera poco, su política autonómica produce bastante descontento en la masa social que vota y votaría al PP. La política internacional es algo floja, y en vectores económicos nos mantenemos sin que el ciudadano pueda atribuir a Zapatero una acción decisiva que lo diferencie, en términos de provisión de bienestar, de las medidas económicas de Aznar. De modo que la inactivación de ETA es de los pocos éxitos, sino aparece algo de improviso, que puede 'vendernos' Zapatero para la seducción del voto.

Rajoy lo sabe. Y además sabe que, si no es por un descalabro, jamás ganaría unas próximas elecciones frente a Zapatero. También siente en su fuero más profundo que puede permitirse el desgaste de utilizar la política antiterrorista como instrumento de ataque partidista. No tiene nada que perder. Haciéndolo roe a Zapatero en su progresión y en la percepción de una parte de la ciudadanía, confundida con los términos negociación, rendición, cesión y artificios semánticos por el estilo. Al tiempo, con una posición de fuerza aglutina a su propio partido alrededor de un líder con menos carisma y peso específico que Aznar. Incluso, si Zapatero no logra un posicionamiento claro de ETA antes de las elecciones, Rajoy puede presentarse en la línea de meta de los comicios dejando al PSOE en una mayoría muy precaria. El presidente del PP calcula, en todo caso, que su tiempo ha concluido. Un sustituto o una sustituta está ya aguardando entre bastidores a que Rajoy se autoinmole con la instrumentación partidista de la política antiterrorista. Al PP le viene de maravilla que Rajoy se encuentre en esa posición, pues si tuvieran un candidato o candidata realmente con posibilidades, jamás podría chamuscarse tanto con una confrontación tan a las claras en un capítulo como el terrorismo etarra. Y no podría hacerlo porque si el PP estuviera en igual situación que el PSOE haría lo mismo para neutralizar a ETA.

Imagínense qué habría ocurrido con ETA si las medidas antiterroristas que casi la ponen contra las cuerdas hace unos años se hubieran accionado antes, con la suma y acuerdo de todos los partidos, el PNV incluido. Al final, el mayor acierto político de ETA no ha sido fruto del terrorismo, sino del desacuerdo político de quienes debían desarticularla.



Vocento