Son mil días sin muertes, sin asesinatos, y son muchas las vidas que continúan, pero no podemos olvidar que son muchas las muertes habidas. Los trabajadores, los realmente trabajadores del País Vasco, sufren las acciones de una banda de mafiosos, que trabaja con la profesión del gorroneo, sacando el dinero a los demás e impidiendo que las empresas puedan subir los sueldos a sus 'currelas'. Claro, es más cómodo cobrar el impuesto de la mafia, resulta más cómoda la extorsión y si no se cede a ella, la destrucción. ¿Eso es defender los intereses de un pueblo? Ahora, pónganse en el lugar de alguien que quiere invertir un piquillo de dinero emprendiendo una aventura empresarial. ¿Verdaderamente se creen que elegirá esta tierra para ofertar puestos de trabajo? ¿De verdad se cree alguien que se va a exponer a que la mafia le extorsione o los movimientos radicales le generen problemas, en vez de beneficios empresariales, que pueda incluso repercutir entre sus empleados? Tiene gracia, o mejor, no tiene ninguna, que sean ellos los que se erigen en 'gudaris', en soldados de la patria vasca. ¿De qué patria, si no conocen el significado de esta palabra? ¿Defensores de qué pueblo, si no pretenden dejarle trabajar en paz? Nada, que sigan así, que cada vez convencen a más ciudadanos de que son una cuadrilla de mafiosos trasnochados, que no buscan otra cosa que vivir del gorroneo de los demás.