Puede que hoy en Moscú se hable más del amistoso futbolero entre Rusia y Brasil, pero la comunidad baloncestística de esta megalópolis ha marcado en rojo esta fecha por otro motivo. Bastante sombrío, además. Esta noche, el TAU Cerámica se presenta de nuevo en el Universal Sports Hall. El equipo que dinamitó la ambición de todo un país y que, a cambio, encandiló a su pequeña ciudad vuelve al lugar de los hechos. Aquella escuadra de indomables que la pasada 'Final Four' -en el Olímpico- quebró todos los pronósticos, presenta algunas caras nuevas pero exhibe el mismo deseo que entonces. Es la marca de la casa. El 'carácter Baskonia'.
Esa eliminación en semifinales aún escuece el orgullo del todopoderoso CSKA. Permanece muy latente en todos los supervivientes del 78-85 escenificado en el descomunal Olímpico. No sorprende, por tanto, que jugadores como Savrasenko o Pashutin se hayan encargado de refrescar esas imágenes a sus aficionados en los días previos a este envite.
Ayer mismo, el propio Ettore Messina, que por aquel entonces dirigía con su habitual maestría al Benetton Treviso, también dio muestras de haberse empapado de este espíritu revanchista. «La derrota del año pasado está ahí, en la memoria», reconoció a los medios locales. «Así que hay que aprender de esa experiencia. Sé que va a ser un partido duro por todo lo que le rodea», sentenció el preparador italiano.
Poco importa -al menos en territorio ruso- que se trate de la segunda entrega del Top 16 o que midan fuerzas los dos gallos del Grupo F. Este partido provoca cosquilleos por otras razones más oscuras. Es el reencuentro de dos enemigos íntimos. Veremos cómo se comporta la hinchada del Universal Sports Hall, la misma que el curso pasado movía la canasta azulgrana en los tiros libres.
Diez horas de viaje
El Baskonia -que ayer se pegó una paliza de diez horas para atravesar media Europa- permanece ajeno a este peligroso caldo de cultivo. Enclaustrado en un hotel situado en la periferia de la capital, la tropa de Perasovic sólo se preocupa de sí misma. Del estado físico de Scola, sobre todo. El capitán, aquejado de una fascitis plantar, parará tras el encuentro de hoy. Ya se verá cuántos días.
El TAU, no obstante, ha aterrizado con las ideas muy claras. Saldrá a por todas. Espoleado por su explosión -deportiva y anímica- vivida en la Copa. Su baloncesto, desde Madrid'06, ha subido muchísimos enteros. Así como su capacidad de sufrimiento. Ahí está el ejemplo de su victoria en Nuremberg la semana pasada.
Abrazado a ese sentimiento de supervivencia, el inquilino del Buesa Arena se presenta en el hogar del otro gran favorito del lote. Se trata de dos equipos de tronío. Dentro de unas semanas, cuando llegue la subasta definitiva de las dos plazas para cuartos, seguro que ambos andarán todavía a guantazos por alguna de ellas. ¿Tal vez por el liderato?
Es su sino en los últimos tiempos. Éste será su octavo enfrentamiento. De momento, los anfitriones sonríen en este apartado. Han ganado en cinco ocasiones. Los alaveses, sólo en dos. Pero ambas en Moscú. Y una de ellas, la del pasado 6 de mayo le permitió irrumpir en la gran final de la Euroliga. Casi nada, oiga.
El caso es que el TAU afronta este pulso con una mezcla de sensatez y modestia. El propio Velimir Perasovic, cada vez más seguro y reconocible en su puesto de timonel, no ahorró elogios hacia el millonario adversario. «Destaca su seriedad y su orden, no hacen locuras en la cancha», analizó. «Aparte, dispone de una enorme calidad en su plantilla». Lo dicho, un pulso de altura.