El Congreso rechazó ayer con los votos de todos los grupos, a excepción del PP -172 frente a 123-, una moción en la que se instaba al Ejecutivo a buscar un final de ETA que tenga «vencedores y vencidos». El abismo abierto en la política antiterrorista entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, que presentaba el texto, quedó patente ayer. PP y PSOE fueron incapaces de consensuar una declaración de mínimos sobre las líneas básicas que debe seguir el Ejecutivo para acabar con la organización terrorista y el papel que deben jugar las víctimas en un hipotético proceso de paz.
Los socialistas, a pesar de que las negociaciones se sucedieron todo el día, se negaron a apoyar el texto en el que se aseguraba que las conclusiones del Congreso Internacional de Víctimas del Terrorismo celebrado el mes pasado en Valencia debían convertirse en la «hoja de ruta» del Gobierno.
El PP insistió en su moción en la «mezquindad» que supondría «apartar o silenciar» a las víctimas de «cualquier proceso». El texto también recogía punto por punto las conclusiones de la asamblea de Valencia, entre ellas que «los terroristas no son un interlocutor», que la memoria de las víctimas «no puede ser moneda de cambio» y que «no se puede edificar la paz sobre la desmemoria».
Los populares no quisieron aceptar un texto alternativo del PSOE en el que se instaba al Gobierno a desarrollar los «valores y propuestas» del congreso de Valencia, se apoyaban «medidas para la protección de las víctimas» y se rechazaba «la utilización de su tragedia con fines partidistas». La formación de Rajoy se negó a pactar esa moción porque también subrayaba el papel del Ejecutivo como «director de la política antiterrorista con el fin de lograr la desaparición definitiva de la violencia».
Tampoco salió adelante una moción alternativa de IU. La coalición proponía un texto en el que se recordaba la resolución del pleno del Congreso del 17 de mayo del año pasado en la que se emplazaba a ETA a abandonar las armas para abordar un proceso de paz.
«Añicos»
El evidente cisma entre el PP, de un lado, y el PSOE y el resto de los partidos, por otro, se convirtió en un cruce de descalificaciones en un pleno muy tenso. La diputada popular María Eugenia Martín Mendizábal acusó a los socialistas de «haber dividido a las víctimas». «Los terroristas no han cambiado su posición, sino el PSOE que ha hecho añicos el Pacto por las Libertades», denunció.
Martín Mendizábal aseguró que el Ejecutivo socialista trata de «hacer política con el terrorismo como sea», incluidos «infundios y mentiras», e invitó a los diputados a votar a favor de su propuesta para no perder así la «oportunidad de votar a favor de las peticiones de las víctimas».
Sus argumentos fueron contestados por la socialista Arantza Mendizábal, quien enmarcó la moción en la estrategia del PP de utilizar la política antiterrorista para «hacer ruido, crispación y provocar enfrentamiento». La diputada recordó la «lealtad» del PSOE en la oposición y recriminó al PP no respetar los principios fundamentales de la lucha contra ETA: «la política antiterrorista la orienta el Parlamento, la dirige el Gobierno y no se utiliza en el debate político». Mendizábal acusó una y otra vez al principal partido de la oposición de «utilizar a las víctimas y su dolor» para buscar «un puñado de votos».
El líder de IU, Gaspar Llamazares, por su parte, atacó la iniciativa popular que calificó de «medieval» por intentar «desgastar al Gobierno con el dolor de las víctimas». Desde el PNV, Emilio Olabarría acusó al PP de «patrimonializar el dolor» y dijo que la iniciativa de apoyo a las víctimas promovida por los populares es «una trampa parlamentaria». «No tiene que haber vencedores y vencidos, tiene que haber paz», dijo Olabarría. Begoña Lasagabaster de Eusko Alkartasuna afeó al PP su «demagogia» de usar a las víctimas para «buscar un rédito electoral».