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Miércoles, 1 de marzo de 2006
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VIZCAYA
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OPINION/El punto 'A'
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Quiero felicitar a los encargados de diseñar el plegado de las camisas nuevas que salen de fábrica para su envío a los comercios del ramo. Estoy seguro de que hay que cavilar a fondo para lograr ese perfecto acoplamiento de sus mangas, faldones, pechera, cuello, etc., ingeniosamente doblados y sujetos. El sistema, sin duda, ha exigido concienzudos estudios previos hasta encontrar el método idóneo y perfecto.

Claro que lo que resulta perfecto para plegar no resulta tan perfecto para desplegar, porque el cliente, una vez la camisa en casa y fuera de su funda transparente, se enfrenta con el problema de adivinar dónde se encuentran los alfileres que se utilizan para sujetar los diferentes dobleces, una búsqueda que exige también concienzudos estudios tácticos.

Si el plegado de las camisas fuese siempre el mismo, los clientes (incluso los más ceporretes) acabaríamos por habituarnos a los escondrijos de los alfileres y daríamos con ellos sin muchas dificultades. Lo malo es que cada vez que estrenamos una camisa, los encargados de plegarla y sujetarla usan métodos diferentes, y así no hay manera de aprenderse el truco del almendruco.

En la última camisa que me han regalado, he podido observar, sin embargo, que se ha reducido al mínimo el número de alfileres. Esta vez sólo he encontrado tres. Uno de ellos es de fácil acceso, pero los otros dos me han creado serias dificultades. Sobre todo, el alfiler que prácticamente mantiene plegada toda la camisa, pero tan astutamente colocado, tan hábilmente escondido que me he vuelto loco para encontrar la cabeza y poder desplegar la camisa definitivamente.

¿Cómo han logrado los plegadores de camisas encontrar ese increíble punto 'A' donde colocar el alfiler, de forma que mantenga toda la camisa plegada y sea difícil de encontrar? Porque les aseguro que me ha costado lo suyo y lo mío dar con el puñetero alfiler-clave. Y cuando ya pensé que estaba todo resuelto, ¿zas!; como remate, el inevitable pinchazo en el dedo cuando he ido a desabrochar el cuello y he comprobado que allí estaba escondido el tercer alfiler. ¿Tengo o no tengo razón para felicitar a los plegadores de camisas nuevas por su ingenio y astucia en la operación de esconder alfileres?



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