El Correo Digital
Jueves, 2 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
OPINIÓN
ARTÍCULOS
Una ofensa, reacciones múltiples
La controversia en torno a las caricaturas del profeta Mahoma ha acaparado la atención mediática del globo, especialmente la de los países islámicos, durante varias semanas. Sin embargo, y pese a la gravedad de los hechos subsiguientes a la publicación de las mismas, las movilizaciones de protesta en los países árabes y musulmanes no se corresponden con la 'gravedad' que se le ha atribuido a la difusión de la caricatura que representaba al profeta del Islam con una 'ihma'(tocado masculino) metamorfoseada en bomba.

Lo lamentable ha sido la pérdida de vidas humanas, en el curso de protestas en Afganistán, Libia, Somalia y Líbano. En el populoso Egipto, cuna de los Hermanos Musulmanes a principios del siglo XX, no ha habido que lamentar muertos. Egipto es el único país árabe en el que los Hermanos Musulmanes tienen la representación parlamentaria más importante. En las últimas elecciones legislativas han sido premiados con una representación que les acredita, con ochenta y ocho diputados, como el primer grupo de la oposición. No sólo eso, su influencia social es creciente e incluye el control de los sindicatos profesionales más relevantes, véase el de ingenieros, abogados y periodistas. El sindicato de los letrados, el que más se ha significado en la protesta contra la publicación de las caricaturas, convocó una huelga de una hora.

La prensa egipcia ha vibrado como las voces de un coro que se empastan y fluyen a las órdenes del director. Sin salidas de tono, sin estridencias. Llama la atención poderosamente que las caricaturas que son tildadas de 'musi-iah'(ofensivas) por todos los periódicos y televisiones -incluido el canal qatarí Al Yazira, que se autopromociona como la televisión que 'rompe con los tabúes'- no hayan concitado una respuesta multitudinaria pese a haber dejado en segundo plano sucesos gravísimos como el hundimiento del 'A-Salam' en el Mar Rojo, con más de mil muertos, las negociaciones de Hamás para formar el próximo Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina o la irremitente violencia de Irak.

Si se atiende al impacto mediático generado y lo delicado de la cuestión en este siglo XXI en el que la percepción de la mayor parte de los ciudadanos del mundo árabe es que EE UU y sus aliados libran una guerra contra el Islam, la movilización tras la publicación de las caricaturas y su redifusión habría tenido que superar, o al menos igualar, las movilizaciones históricas que llenaron las calles de El Cairo de millones de egipcios con motivo de las exequias fúnebres por el rais Gamal Abdel Nasser en 1970 y en la despedida, aún más abrumadora, que pocos años después rindió la ciudad a la máxima representante artística del mundo árabe, la cantante lírica Umm Kulzum. Más recientemente, el 11 de febrero, millones de cairotas se echaron a las calles y festejaron hasta el amanecer la victoria de la selección nacional de fútbol en la Copa de las Naciones de África. Las manifestaciones en la capital egipcia en repulsa por las caricaturas del profeta del Islam no han sido multitudinarias, 'varios miles de personas', según tituló el diario oficial 'Al-Ahram', en referencia a la mayor de ellas, una respuesta insignificante si se compara incluso con las habidas en los prolegómenos de la guerra de Irak en 2003.

La reacción egipcia contrasta ostensiblemente, por su moderación, con otras registradas en la región. Es ineludible preguntarse por qué ha habido sucesos violentos en Siria, Libia y Líbano. Siria está gobernada por la estirpe de los Assad, pertenecientes al partido Baas, de tendencia secularista. El principal grupo de la 'oposición', clandestino, lo constituyen los Hermanos Musulmanes, severamente reprimidos en la década de los noventa por Hafez Al-Assad, padre del actual presidente Bashar Al-Assad. La Hermandad no ha intervenido en el asalto a la Embajada danesa en Damasco.

La credencial religiosa de la República de Libia, siendo indiscutiblemente islámica, no ocupa un lugar preeminente en la definición del país. En Bengasi, la capital económica, diez personas perdieron la vida en la actuación policial que siguió al intento de asalto del consulado italiano por parte de los manifestantes. Otra de las reacciones violentas contra legaciones diplomáticas danesas, no desprovista de incógnitas, es la registrada en Beirut. Líbano es el caleidoscopio de Oriente Próximo, con un mapa religioso complejísimo y una capital, Beirut, considerada como una isla de modernidad y libertad de costumbres, impensables en cualesquiera otras urbes de la región, excepción hecha de las israelíes.

Las reacciones más violentas contra la publicación de las caricaturas del profeta, percibidas en todos los países musulmanes como un ataque inequívoco contra el Islam y sus creyentes, se han producido en países árabes en los que la religión carece de protagonismo en la escena política. Por ello cabe preguntarse quién, dentro de esos países o fuera de ellos, ha incitado a atacar legaciones diplomáticas en el curso de las protestas. Los días posteriores al asalto de la Embajada danesa en Beirut fueron detenidas más de cuatrocientas personas, la mayoría de nacionalidad palestina y siria.

Mientras tanto, en Arabia Saudí, el país de los principales lugares sagrados del Islam, y en Egipto, donde los Hermanos Musulmanes han obtenido una victoria sin precedentes en las últimas elecciones legislativas exhibiendo el lema 'el-Islam hua el-jal', 'el Islam es la solución', los ciudadanos no han prestado más atención que la necesaria para leer lo publicado en la prensa o para ver las noticias que aún se suceden en los canales de televisión, con diferencia el medio de comunicación más influyente en Egipto, donde el analfabetismo alcanza al 40% de la población.

La causa de la limitadísima movilización habida en Egipto remite a la reacción de los Hermanos Musulmanes, que, pese a considerar las caricaturas netamente vejatorias para la 'umma' o comunidad islámica, han desestimado la respuesta violenta y han hecho llamamientos a la calma. Más aún, la participación de sus líderes y diputados en las manifestaciones ha sido residual. Los dirigentes de la Hermandad saben que no basta serlo, sino que hay que parecerlo, así que han optado por no incitar los sentimientos heridos de la población, descritos por la prensa egipcia como iracundos, para evitar un estallido social que les perjudicaría tanto dentro como fuera del país.

Nunca el 'choque de civilizaciones', la construcción del profesor Samuel Huntington, ha sido tan nombrado como en las recientes semanas. Acertadamente, ya hay quien ha escrito que las 'civilizaciones', por serlo, no chocan, pues su existencia y devenir no se fundamenta en la violencia.

En Egipto se elevan voces que afirman que los múltiples diálogos interculturales y las conferencias que promueven la idea de que 'todos tenemos semejanzas' no rinden rédito al conocimiento mutuo, de modo que quizás convendría acordar foros para hablar de las diferencias, de lo que separa a Oriente y Occidente, a los países islámicos de los europeos.

En Oriente Medio -la región del mundo donde la pluralidad religiosa es milenaria-, el Islam, el cristianismo o el judaísmo son parte de la vida misma, los ordenamientos jurídicos están penetrados por la ley religiosa, predominantemente por la sharia islámica, de modo que el hecho religioso es inextricable de la vida de los ciudadanos, algo que muy pocos deploran y menos aun públicamente.

Convendría analizar la controversia y las reacciones violentas generadas por la publicación de las caricaturas de Mahoma en el contexto de un mundo dividido en dos partes, una llamada Oriente, donde la religión y la política son un matrimonio de conveniencia, y otra, referida como Occidente, donde la religión y la política están, aunque no divorciadas, separadas, civilizadamente, desde hace varios siglos.



Vocento