La galería del Instituto Courtauld de Londres expone hasta mayo una colección de bosquejos de Tiepolo que permiten la contemplación de los que realizó para los cuadros de los altares de la iglesia del convento de San Pascual Bailón, en Aranjuez, que fueron destruidos poco después de la muerte del pintor veneciano.
Giovanni Battista Tiepolo (1690-1770) había cultivado, como otros pintores del XVII y del XVIII, la costumbre de realizar estudios de sus futuras obras, como muestras para la aprobación de sus clientes o como parte del proceso de decantación en la composición de sus cuadros o techos en el formato grande.
Cuando su reputación le llevó a España, realizó techos en el Palacio Real y le encargaron también los cuadros que adornarían los altares de la iglesia del convento franciscano en Aranjuez. Tiepolo hizo los bosquejos para la posterior realización de los cuadros en su taller. Era el final de la década de los sesenta del siglo XVIII.
Al confesor del rey Carlos III, el padre Eleta, conocido como 'el Alpargatilla' y que acabó siendo jurado jansenista y enemigo atroz de los jesuitas tras la polémica sobre la canonización de su paisano Palafox, no le gustaban las pinturas piadosas de Tiepolo y, en cuanto murió el veneciano, las destruyó y encargó otras al alemán Antón Raphael Mengs.
Se piensa que Tiepolo vendió los bocetos al pintor español Francisco Bayeu y que fueron rodando por diversas manos hasta que, en el siglo XX, un coleccionista sistemático de bosquejos, el aristócrata austro-británico-americano conde Antoine Seilern, los fue comprando a diversos coleccionistas, nada más recibir una enorme herencia de su abuela, en los años treinta.
En los setenta, Seilern entregó su enorme colección de arte a diversas instituciones británicas y, en particular, al Instituto Courtauld, que muestra ahora por primera vez juntos sus cinco bosquejos de Aranjuez, pequeñas instantáneas de unos cuadros que ya no existen.