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Jueves, 2 de marzo de 2006
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Una de las primeras obligaciones que tuve que cumplimentar cuando fui elegido concejal del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz consistió en realizar una declaración jurada de bienes. Recuerdo con cierto humor y orgullo que incorporé a esa declaración patrimonial la acción del Deportivo Alavés S.A.D. de la que soy titular y que está valorada en 10.000 de las antiguas pesetas.

Digo esto porque -como accionista, socio, abonado, aficionado del Deportivo Alavés y ciudadano- creo estar en disposición de expresar con cierto conocimiento de causa lo que muchas personas sentimos en relación a la inaceptable forma de actuar del señor Piterman que, lejos de compartir, nos avergüenza y entristece. A los que hemos sufrido y disfrutado tanto con el Deportivo Alavés nos toca ahora pasar a la acción.

Empezando por la masa social que el pasado domingo expresó inequívocamente y de manera ejemplar su opinión, siguiendo por la afición en general y acabando por las instituciones, que ya empiezan a moverse, todos tendremos que unir fuerzas para exigir que en nuestro nombre no se gestione una entidad deportiva de manera dictatorial, antidemocrática y contraria a las mínimas reglas de juego que sustentan a una sociedad como la vitoriana: plural, solidaria y civilizada. Mientras este comportamiento no sea radicalmente corregido, el accionista mayoritario del Deportivo Alavés tendrá que sentirse cada vez más solo y sin ningún apoyo ni moral ni material. Y no nos valen disculpas realizadas con la boca pequeña y con el único fin de desactivar las diferentes muestras de protesta organizadas.

La solución no es fácil y el futuro no se antoja tampoco sencillo, pero si unimos fuerzas y actuamos con inteligencia e imaginación seguro que conseguiremos cambiar las cosas. No me cabe ninguna duda.



Vocento