El destino y las hechuras del contrincante depararon un nuevo maratón. El enésimo en las últimas dos semanas. Demasiado meneo hasta para este Baskonia que, mediado el tercer cuarto, mostró los primeros síntomas claros de agotamiento. Físico y mental. Ese declive, unido al peaje de las faltas personales generado por un discutible criterio arbitral, acabó con sus ilusiones en el Universal Sports Hall. No en vano, cuando el equipo meneó la cabeza en el tramo de la verdad, siempre se encontró con dos muros: el poderoso rival y un trío de colegiados con dos baremos. Demasiada oposición.
El TAU Cerámica, eso sí, mantuvo la cabeza fría como para, una vez que quedó claro que las opciones de victoria pasaban a quimera, centrarse en precintar lo máximo posible la grieta. Al final reencontró el orgullo suficiente, la manija adecuada, y redujo la herida a seis puntos (82-76). Una desventaja menor. Incluso asumible.
Y es que este pulso -si azulgranas y rusos cumplen con la teoría- durará ochenta minutos. Queda la reválida en el Buesa Arena. Un partido, fijado para dentro de cuatro semanas, que podría decantar la identidad del líder del Grupo F. Ojalá.
Juego psicológico
La verdad es que el CSKA -menos luminoso este curso pero con una mentalidad más metalúrgica- gastó decenas de neuronas en la cita. Una auténtica revancha desde su punto de vista. Quedó claro desde los prolegómenos. Por la baterías de artimañas y efectos especiales que usó con el insano fin de amedrentar al TAU. ¿Pruebas? Cuatro paneles gigantes con la plantilla convertida en guerrerilleros, un montaje videográfico en el que el soldado moscovita domaba al 'toro' baskonista culminado con una carga de la caballería. Todo muy fastuoso. Y con un claro cometido; encender los ánimos locales, congelar los ajenos.
De salida, la jugada no le funcionó a la escuadra moscovita. Ya que el inquilino del Buesa Arena surgió a todo trapo. Con una actitud intachable, un ideario lustroso y una ejecución convicente.
Prigioni dirigió con su habitual destreza, Scola culminó y Jacobsen se liberó. Mientras que el campeón ruso no atinó ni una. Gastó posesiones una y otra vez. Durante el primer cuarto se enemistó con el aro. En los tiros de campo y, lo que es más reprochable, desde la línea de tiros libres. 14-26 al minuto 10.
Pero esta feliz fase escondió un oscuro detalle; las personales. Sin apenas hacer ruido, toda la plana mayor azulgrana se cargó desde el principio. Ese factor resultaría determinante más tarde.
El CSKA no es manco. Lo recordó en el siguiente periodo, cuando mejoró muchísimo sus prestaciones de la mano de Papaloukas, Vanterpool o Smodis. El partido, por tanto, se enroscó.
En un clima asfixiante -la factura de calefacción debió ser de órdago ya que se rozaron los treinta grados en el interior del recinto-, la cita se enturbió. Para el TAU se sobreentiende.
El mate de Papaloukas
Su contrincante, merced a la permisibidad arbitral, elevó más allá de lo legal su actividad defensiva. Y el Baskonia encajó con desánimo el goteo constante de faltas en su contra. Ya que, pese al esfuerzo de los secundarios, el engranaje no se movía al ritmo adecuado. Regaló un sinfín de balones y se escapó entonces el CSKA. Primero cinco puntos. Luego, siete...
Perasovic se vio obligado a sacar antes de lo previsto a un Scola al límite de la eliminación. Trató de protegerlo con una zona 2-3, pero a la mínima oportunidad los colegiados le dieron la carta de despido. Un mate de Papaloukas a 2.30 del final marcó el acta de defunción. Menos mal que el Baskonia no se olvidó de seguir jugando. Y el triple definitivo de Jacobsen puso pimienta a su reencuentro en la segunda vuelta.