Después de haber dejado al Pamesa en la luna de Valencia y de traer para Vitoria una victoria que fue un sol, nos íbamos a Rusia, que no está cerca, a enfrentarnos con el 'Cheska'. Recuerdos de 'Semifinal Four', para nosotros 'fourmidables', y un encuentro entre los gallos del grupo digno de ver y sin gripe aviar
Primera misión
Tensión en el ambiente y todos mirándose sin saber quién se llevaría el 'Bond-bón del triunfo. Al inicio, los agentes interiores vitorianos controlaron a unos rusos con el tiro libre muy esclavo y sin don de gentes. Jacobsen, de villano, hacía uso de sus tiros y el 0-7 descubría al espía.
Con el perverso rebote ofensivo, los preciosos trajes de Smodis, el malvado Holden y su presión defensiva, los moscovitas igualaron la contienda. La belleza de los pases de Prigioni no enamoró a nuestros agentes y las pérdidas de balón provocaron que los 'rojos' sacaran del arsenal los coches de alta cilindrada -el contraataque se convirtió en su mejor arma secreta-. Así, el CSKA se plantaba como si nada en el aro enemigo.
No obstante, los martinis con vodka o los combinados Prigioni-Scola, Prigioni-Spliter trajeron de nuevo encanto a la misión y las tablas en la partida.
Segunda misión
Aparece el elemento David, escondido en la primera misión, al mando de las operaciones y abandonando su sumisión. Pero los balones perdidos volvieron a marcar escenas peligrosas y los 'rojos' nos pusieron en números de su color. Sin la conexión argentina, el TAU quedó al descubierto. La zona 2-3 del Baskonia mató al 'superagente' Scola y con Vanterpool escondido en el poste bajo la misión avanzaba con muy mala pinta.
Sin embargo, las donaciones rusas acabaron haciendo que el resultado fuera el bueno y el baloncesto, el malo, malísimo, de la película.
Misión final
En un partido dominado por el horror y el error, el menos malo acabó llevándose un triunfo minúsculo que, por lo visto, nos sabe a gloria. En una misión peliaguda volvemos desde Rusia con amor.