A pesar de los cinco meses que Alber ha estado apartado de los entrenamientos de la plantilla, la presencia del bilbaíno ha sido una constante en todos los compromisos ligueros que ha afrontado el Mirandés desde que se lesionara de gravedad.
De hecho, sólo ha faltado a uno. Fue contra el Numancia B, en Anduva, y porque le acababan de operar. En el resto, ha sido un fijo, tanto a la hora de montarse en el autobús de la expedición rojilla para recorrer toda la geografía castellano-leonesa como en la tribuna del municipal.
«He acompañado al equipo desde Bembibre hasta Segovia o San Leonardo de Yagüe y sólo me he perdido un partido por causa de fuerza mayor. No sé si es un comportamiento muy habitual, pero cada uno es como es», señaló el lateral. «Me debo al club que me paga y quiero ayudarle en todo lo que pueda. Si no estoy en el campo, lo hago desde la grada. Además» -agregó- «es una forma de no perder el contacto con mis compañeros».
Su compromiso con el Mirandés es una forma de mostrar el agradecimiento que siente por las atenciones prestadas durante su largo calvario. «Tanto la plantilla como el cuerpo técnico, la directiva con el presidente a la cabeza y la afición se han portado magníficamente conmigo. Las llamadas de apoyo nunca han faltado y han significado un gran apoyo durante el proceso de recuperación», manifestó el lateral rojillo.