Las autoridades afganas recuperaron ayer el control de la principal prisión de Kabul tras cuatro días de disturbios que dejaron al menos seis muertos, según anunció el viceministro de Justicia, Mohamed Qasim Hashimzai. Más de 1.300 reclusos, entre ellos 350 talibanes y miembros de Al- Qaida acusados de participar en el motín, han sido trasladados a otro bloque del centro penitenciario bajo vigilancia oficial. «Ahora está todo a salvo y seguro», indicó Hashimzai.
De acuerdo con el viceministro, se encontró un cadáver más cuando los presos fueron desalojados del recinto, lo que eleva el balance final a seis, mientras que otros cuarenta internos resultaron heridos.
La revuelta de la prisión de Pol-i-Charki, situada a las afueras de Kabul, se inició el sábado por la noche, aparentemente tras rechazar los prisioneros ponerse los nuevos unifor- mes, que habían sido introducidos después de que algunos presos talibanes escaparan el mes pasado vistiéndose como visitantes. Las fuerzas de seguridad rodearon el edificio para evitar cualquier fuga mientras responsables gubernamentales intentaban negociar con los reclusos.
El martes volvió a brotar la violencia cuando la Policía abrió fuego contra varios internos que intentaban derribar una puerta, matando a uno de ellos e hiriendo a otros tres. Sin embargo, a primera hora de ayer, las autoridades informaron de progresos, precisando que cientos de reclusos fueron desalojados del bloque 2, donde comenzó el motín.
El preso estadounidense Edward Caraballo, quien horas antes anunció que los reclusos amotinados habían amenazado con decapitarle, se encuentra a salvo, según informaron las autoridades afganas. En el penal de Pol-i-Charki, construida en 1970 y conocida por los problemas de hacinamiento y por sus malas condiciones, permanecen internados tres norteamericanos que se vieron sorprendidos por el motín carcelario.