Como ilustración adicional de la ingente factura que supone la guerra de Irak para Estados Unidos, más de un tercio de los soldados y marines destinados en ese sangriento teatro de operaciones desde la invasión en marzo de 2003 requirieron asistencia psicológica durante los doce meses siguientes a su vuelta a casa, según un estudio médico realizado por doctores militares, publicado en el último número de la revista científica de la Asociación Médica Americana. En total, de los 222.000 militares que participaron en esta investigación, un 12% anual fue diagnosticado con un algún tipo de trastorno mental.
Estos resultados tan abultados -que seguramente servirán como munición en los debates en el Congreso federal sobre los presupuestos para la cobertura sanitaria de los veteranos- fueron atribuidos en parte a los nuevos esfuerzos de salud mental acometidos por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos-, con insistencia en buscar ayuda con programas preventivos de diagnóstico antes de degenerar en graves problemas posteriores. Matiz que dificulta la comparación de estas cifras con anteriores despliegues bélicos de soldados de Estados Unidos.
A juicio del doctor Michael Kussman, alto cargo del departamento ministerial encargado de administrar las prestaciones sociales de los ex militares de Estados Unidos, este estudio no debería ser una sorpresa, ya que refleja «un gran número de gente que vuelve a casa con reacciones normales a condiciones normales». Otros especialistas en psicología y psiquiatría apreciaron que estos resultados reflejan no sólo el trauma emocional de una guerra, sino también la merma en el tradicional estigma asociado con problemas de salud mental.
La comentada investigación fue dirigida por el doctor Charles Hoge y un equipo de colaboradores del Instituto Walter Reed, centro especializado a las afueras de Washington en investigaciones biomédicas para el Ejército de Tierra estadounidense. Su trabajo detectó porcentajes de problemas psicológicos entre los veteranos de Irak que superan significativamente los descubiertos en militares destinados en otros teatros de operaciones como Afganistán, Bosnia o Kosovo.
Según explicó el doctor Hoge, coronel de la sanidad militar especializado en psiquiatría, la mayor necesidad de ayuda psicológica asociada con los veteranos de la operación 'Libertad Iraquí' se debe con bastante probabilidad a «la mayor frecuencia e intensidad de sus experiencias de combate». Durante los tres años de operaciones en Irak, el Pentágono acumuló entre sus filas cerca de 2.300 bajas mortales y 17.500 heridos.
Pesadillas aterradoras
El cuadro psiquiátrico más habitual entre los militares con experiencia de combate en Irak es el llamado síndrome de estrés post-traumático, condición reconocida oficialmente hace un cuarto de siglo a instancia de los veteranos de Vietnam. Las propias estimaciones de la sanidad militar calculan que entre un 12 y un 20%de estos soldados sufre de este «daño colateral», incluido el comentado caso de Blake Miller, el joven marine protagonista de la icónica foto del soldado 'Marlboro' tomada durante el asalto a Faluya.
Este joven de 21 años volvió a su Kentucky natal tras recibir una prematura baja médica de su inicial contrato por cuatro años con la Infantería de Marina. El veterano sufre pesadillas aterradoras, problemas para dormir y, cuando concilia el sueño, sus dedos intentan apretar imaginarios gatillos. Además de presentar facilidad para encolerizarse, dificultad para comunicarse y mórbidas alucinaciones.