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Jueves, 2 de marzo de 2006
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MIRANDA DE EBRO
Miranda
La escasa participación desluce una Feria del Ángel en progresivo declive
Cae la presencia de ganaderos y en la exhibición de maquinaria agrícola sólo han participado nueve de las trece empresas anunciadas
CABALLOS. Los tratantes de ganado cerraron pocas operaciones en el mercado celebrado por la mañana en el Ferial. / FOTOS: A. GÓMEZ
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La Feria del Ángel se diluye en cada edición. Si hace dos años la nieve obligó a suspenderla y el pasado el frío disuadió a los visitantes, en la jornada de ayer la tradición se quedó en simple anécdota. La escasa participación en las exhibiciones de ganado y maquinaria agrícola deslució de nuevo un acontecimiento que sufre un progresivo declive.

Un centenar largo de caballos se puso a la venta en el Ferial. Una veintena de ganaderos se trasladó hasta Miranda para sostener una tradición que se viene desarrollando desde hace más de setecientos años. Pero el nivel de negocio no fue bueno. Similar o peor resultó el día para las empresas que optaron por traer maquinaria pesada de campo a la explanada de la Avenida de Europa.

Se había anunciado la presencia de, al menos, trece firmas en la feria de maquinaria (ya han pasado a la historia aquellos años en los que se rozaban sin problemas las treinta). Al final, sólo nueve empresas ocuparon los espacios delimitados con tres remolques, otros tantos tractores, escalerillas mecánicas y herramientas de siembra, riego, pulidoras, etcétera. «No hay nada. Está esto muy vacío», explicaba Carlos Sancidrián, desplazado desde Burgos con tractores cuyos precios se movían entre los 42.000 y los 66.000 euros, según facilitó él mismo. «La feria de Lerma es mucho más importante, la de referencia de la región. Pero yo creo -puntualizó Sancidrián- que incluso en la Melgar del Fernamental hay una mayor participación». ¿Las causas? Diversas. Desde «la falta de apoyo, al parecer, del Ayuntamiento» que planteó este mismo empresario, hasta la crisis propia de la agricultura con «rebajas continuas en las subvenciones». Pero planea otra circunstancia: la negativa de algunos comerciantes vinculados al sector a montar sus expositores en un punto tan sumamente alejado del Casco Viejo, donde se concentra la feria ganadera y los numerosos puestos de venta ambulante. Allí sí que hubo afluencia significativa de mirandeses.

En la Avenida de Europa, sin embargo, podían contarse uno a uno. Sólo la exhibición de dos peculiares 'leñadores' a golpe de motosierra consiguió retener la atención de medio centenar de personas durante un puñado de minutos. Los artistas de la madera tallaron con precisión casi quirúrgica tres figuras (una mula, un carro y un perro) utilizando exclusivamente esa herramienta tan resolutiva. El estruendo acompañaba a los interesados (muy pocos) en adquirir algunos de los productos que ofrecía esta feria de maquinaria. La cuestión es que las ventas se redujeron a la mínima expresión.

Los puestos

A gran distancia de allí, la parte vieja presentaba mayor animación. Los puestos de venta ambulante se extendían desde la remozada calle San Juan a la plaza del Mercado, Eras de San Juan o San Lázaro hasta llegar al Ferial.

Los puestos ofrecían una gran variedad de productos, desde lo más común en cualquier mercadillo como los pares de calcetines en masa por un puñado de euros, hasta un original Böner V-Hobel alemán, cuyas excelencias explicaba uno de los feriantes ante un público arremolinado. El 'Böner' ese en cuestión no era más que un conjunto de cacharros de cocina para cortar en perfectos tacos frutas y verduras y «dejar más bonitas las ensaladas». Junto a esta singularidad, el Bar del Pulpo, pan casero de Valpuesta y una larga lista de aldabas, almireces, fuelles, braseros y faroles en un puesto de orfebrería.

El recorrido por las decenas de puestos, terminaba en la explanada donde los tratantes de ganado intentaban hacer negocio con sus caballos. La mayoría son de 'carne' y carga, en clara referencia a percherones y yeguas. «Va a ser la última vez que venga», explicó un ganadero guipuzcoano. Y es que, muy molesto, reveló que su camión estuvo retenido durante más de media hora porque, al parecer, el transporte del ganado no lo había realizado en las condiciones que exige la legislación regional.

Otro empresario, este llegado desde Navarra, no dudó en plantear que «aunque algo se hace, cada vez el tema está peor». Y es que no había compradores. Eso es, al menos, lo que defendían los ganaderos. Un caballo de monta, «un capricho» podía llegar a costar unos 3.000 euros. Pero la presencia de estos ejemplares era testimonial. La mayoría de los animales expuestos en el Ferial rondaban entre los 180 euros -los de menor tamaño destinados a carne- y los 900. «No es una feria buena, esa es la verdad, porque el ganado que sale de ella no es muy bueno», apuntaba otro de los tratantes.



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