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Jueves, 2 de marzo de 2006
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El Papa renuncia al título de Patriarca de Occidente, vigente desde el siglo V
En una decisión que puede causar reacciones en el mundo ortodoxo, retira el nombre dado al pontífice romano tras el cisma de la Iglesia
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La edición anual del Anuario Pontificio, un grueso volumen rojo que viene a ser la 'agenda' oficial de la Iglesia, reserva una sorpresa: de la hilera de títulos que tradicionalmente siguen al nombre del Papa se ha caído el cuarto, Patriarca de Occidente. En una lista de nueve, venía después de Obispo de Roma, Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de los Apóstoles y Sumo Pontífice de la Iglesia Universal. Pero Benedicto XVI, por razones que no ha explicado, ha decidido suprimirlo. Aunque pueda parecer un gesto sin importancia, en realidad rompe una costumbre establecida en el siglo V: el primer texto donde aparece es una carta al papa León Magno del emperador de Oriente Teodosio II.

¿Por qué lo ha hecho el Papa? Ayer en Roma se oyeron muchas explicaciones del asunto, que encandiló a los apasionados del mundillo. Una teoría es que, como muestra la carta de Teodosio II, es un título que el Pontífice nunca se ha otorgado, sino que le era dado en el mundo oriental para referise al patriarca de Roma, identificado como 'el de Occidente'. En la antigüedad había cinco grandes patriarcados: Roma, Alejandría, Antioquía, Jerusalén y Constantinopla. Hoy se sigue llamando 'patriarcado' cada ámbito religioso de la Iglesia ortodoxa y en la católica sólo quedan tres ciudades que conserven tal nombre: Venecia, Lisboa y Jerusalén. Sus obispos aún hoy se llaman patriarcas.

Según algunos teólogos, mantener el título de Patriarca de Occidente no tenía base histórica ni doctrinal y ya se sabe que Ratzinger es un profesor puntilloso con el lenguaje. La cuestión es si esto puede enojar o no a la comunidad ortodoxa. «Yo creo que es una señal de sensibilidad ecuménica, el Papa quiere eliminar esta especie de enfrentamiento con el patriarca de Oriente y decir que la Iglesia no se considera la de Occidente, sino universal», dice el cardenal Silvestrini. Sin embargo, esto es precisamente lo que puede enfadar a los ortodoxos, porque cabe interpretar que el Papa se sitúa por encima de los patriarcas de esta confesión, uno de los puntos de fricción entre ambas Iglesias.



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