El Ayuntamiento de Bilbao reclamará a los propietarios del edificio cuya fachada se derrumbó el pasado 5 de enero en Bolueta los 63.000 euros que ha costado alojar a las ocho familias que residían en el inmueble en un hotel durante dos meses. En caso de que los titulares de la casa derruida -la Sociedad Patrimonial Villamena S.L., herederos de los Condes de Zabálburu- no abonen el dinero, el área municipal de Urbanismo recurrirá a la vía judicial para recuperar el importe de la factura. El proceso de realojo de las familias se ha retrasado «más de lo habitual» debido, precisamente, a los «problemas» surgidos con la empresa propietaria del edificio, ubicado en el número 19 de la calle Sagarminaga.
«Los titulares nunca han aparecido y han actuado siempre a través de intermediarios con los que nos hemos reunido unas seis veces sin conseguir nada», denunció ayer la titular del área municipal de Urbanismo. Para Julia Madrazo, «este caso ha sido el ejemplo real de unos propietarios que actúan movidos por intereses especulativos y con ánimo de lucro ya que sin tener problemas económicos han desatendido sus obligaciones de conservar el edificio y han abandonado a los inquilinos, pese a que les han cobrado el alquiler todos los meses religiosamente».
Ratas y cucarachas
Las vecinos afectados por el derrumbe fueron realojados ayer en diferentes viviendas de alquiler a través del programa Bizigune del Gobierno vasco. Los inquilinos pagarán la misma cantidad que abonaban hasta ahora a los dueños del edificio derruido. La diferencia de precio entre la antigua y la nueva renta será asumida por la sociedad Orubide y la Constructora Vallehermoso, integrantes mayoritarios de la Junta de Compensación del área de Bolueta. «Esta cantidad será descontada de los derechos urbanísticos que tengan los propietarios del inmueble cuando se lleve a cabo la urbanización de la zona», precisó Madrazo.
«Hemos pasado dos meses muy malos porque no sabíamos que iba a pasar con nosotros». Esther es una de las vecinas afectadas por el desplome de la fachada. Llevaba cinco años en el edificio y ya no podía más. «Los dueños se han portado muy mal con nosotros. Teníamos ratas, cucarachas...». Ahora asegura que está «encantada» con su nueva casa en Juan De Garay. Plinio comparte la «alegría» de su antigua vecina. Padre de dos niños de 8 y 9 años, la familia Goyes al completo se trasladó ayer a una casa «bien bonita» en la calle San Joaquín. «No hemos querido salir del barrio para que los chicos pudiesen ir al mismo cole».