El Correo Digital
Viernes, 3 de marzo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Las mujeres y los niños
Deben ser lo primero, como en los naufragios corteses. Bastante tiempo han estado preteridos, pero, como dijo Simone de Beauvoir, no se nace mujer, se nace persona; también descubrió que todo niño que nace es un dios que se hace hombre. Una gran mujer doña Simone, capaz de hacer felices a varios hombres, pero su mensaje ha encontrado gran resistencia. Como para ser padres no hace falta carné, ahora en España se oponen muchos a que se imparta entre los párvulos la Educación para la Ciudadanía, prevista en el proyecto de LOE que tramita el Senado. Temen que se utilice la escuela para adoctrinar a los pequeños. ¿En qué valores? Es cierto que algunos sólo servirán para comprar los votos del futuro, pero hay otros permanentes que sería bueno que se aprendieran cuanto antes.

También presenta dificultades la aplicación de la Ley de Igualdad, que prevé inspecciones y multas. Las empresas deberán buscar la paridad de sexos en sus plantillas, pero otra cosa es que la encuentren, ya que hay convenios que sólo resultan convenientes para una de las partes. El ministro de Trabajo, Caldera, ha alcanzado un acuerdo básico con las centrales sindicales, pero eso le ha ocurrido muchas veces sin que haya fructificado ningún plan. En todas partes cuecen habas y el acercamiento con la CEOE es cada vez más distante.

Como en aquel cuento mexicano del pueblo donde, como no eran todos muy machos, sino la mitad machos y la mitad hembras, todos lo pasaban muy bien, habría que llegar a un buen reparto en la distribución de la felicidad posible. Muchas personas que asumieron su cupo de desdicha, desde Beltrand Russell a nuestro Julián Marías, escribieron sobre la felicidad. A Baudelaire le preguntó un amigo si era feliz.

-No he caído tan bajo, respondió.



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