«Esta obra puede herir la sensibilidad del espectador», se advierte a la entrada de una pequeña estancia, en una exposición colectiva de la Sala Rekalde, de Bilbao. Es cierto; dentro, una pantalla repite un perturbador videoclip en el que se mezclan imágenes tan públicas como las de los atentados contra las Torres Gemelas, de deportes, y también más privadas, de fálicas eyaculaciones de filmes porno.
El conjunto está animado por un tema de rap de letra antisocial y desconcertante: «Me gusta mirar, me gusta mirar...»; parece todo una advertencia sobre la devaluación del impacto emocional que produce el consumo acrítico de imágenes de los medios de comunicación.
Es el trabajo que presenta Chris Korda, sobrino nieto del cineasta Alexander Korda, artista y músico eléctrónico afincado en Boston (EE UU) y fundador además de la subversiva Iglesia de la Eutanasia.
La muestra, titulada 'Para todos los públicos', reúne el trabajo de 28 artistas norteamericanos, chinos y europeos, entre ellos los españoles Chus García Fraile, Cristina Lucas, Bene Bergado, Txomin Badiola, Miguel Ángel Gaüeca, Itziar Okariz y Carmen Navarrete, entre otros. La mayoría son deudores de los postulados dadaístas y de la Internacional Situacionista, movimiento que en los años 50 y 60 aplicó al arte los métodos de análisis del marxismo.
La muestra está dedicada a registrar el eco en el arte de hoy de aquellos sistemas que rompen con el viejo arte al servicio del poder. La excusa: ver cómo artistas muy distintos encajan en lo que la directora de la sala, Pilar Mur, describió como «el espacio público, hoy secuestrado por los medios de comunicación de masas, que interpretan incluso los deseos de la ciudadanía».
Alardes de mujer
Hay, en realidad, menos procacidad y provocación que rigor, sutileza y poesía, como también ironía y humor, aspectos estos últimos puestos especialmente de relieve por el comisario, Xabier Arakistain, como sucede en los trabajos de artistas como Badiola, Elke Krystufek, Matthieu Laurette, Daniele Buetti, con unos fotomontajes de modelos con firmas de moda grabadas a fuego en su piel; Bergado, con unas fantasiosas escenas con vistas, o el bilbaíno Gaüeca, que se presenta a sí mismo como un gigoló «versátil» y disponible las «24 horas» del día en uno de los irónicos autorretratos de su serie 'Yo, yo mismo y yo'.
Reciben al visitante dos enormes carteles del colectivo feminista norteamericano Guerrilla Girls, surgido en los años 80, época en la que la mayoría de los participantes estaban ya en activo. En uno de los carteles se puede leer el 'slogan' ¿Libertad para las mujeres artistas de Europa!», al pie de una imágen que parece sacada de 'La dolce vita', de Fellini, en la que Marcelo Mastroiani cabalga a lomos de una Anouk Aimée a cuatro patas.
En otra obra reivindicativa de la dignidad de la mujer, la valenciana Carmen Navarrete confronta tras una valla noticias de agresiones en casa con unas imágenes de la conflictividad en los festivos alardes de Irún y Fuenterrabia, por la negativa de sectores conservadores a la participación femenina. «Carmen -refirió Arakistain- no se podía creer que pasara esto en un país con una Ley de Igualdad; le llamó sobre todo la atención una señora con un cartel en el que se leía: 'Zuekin inoiz ez' (nunca con vosotras).