De equipo de moda a conjunto al que se le exige en base a lo que ha costado. El Akasvayu ha dejado de ser para los suyos la escuadra que colocaba la plaza de Girona en cotas prácticamente no vividas con anterioridad en la ACB. Es lo que tiene la buena vida, que cualquiera se acostumbra a ella 'ipso facto'. El deporte no supone ninguna excepción. El varapalo sufrido en la Copa ha activado el nacimiento de cierta preocupación. El motivo apuntado es que algunos de los nombres propios que han dado brillo y quilates a la plantilla parecen demasiado relajados y lejanos a los números con los que iniciaron el curso.
Todo ello con los catalanes en la sexta posición de la liga, con un balance de 13 victorias y 8 derrotas. Quizá había quien creía que había equipo suficiente para no acercarse a tal cifra de reveses. Tras haber permanecido la mitad de la primera vuelta cualificado entre los cuatro mejores de la ACB, el Akasvayu demostró una inesperada facilidad para perder el rumbo. En Valladolid perdió por 16 puntos en el inicio de una serie de cuatro derrotas seguidas que incluyó dos en su cancha de Fontajau (Pamesa y Caja San Fernando) y otro bofetón a domicilio en el Palau culé (90-67).
A su técnico, Edu Torres, se le dibujaba en dirección a la oficina del Inem, máxime después de que los gerundenses se especializaran en revivir difuntos (66-82 ante Etosa). El entrenador no puede quejarse de la calidad de su grupo, aunque sólo quienes perciben el día a día del Akasvayu pueden certificar el compromiso de cada uno. Así, jugadores como Fran Vázquez -que rechazó una plaza en la NBA para seguir en la ACB- han pasado de héroes a ser escudriñados con sumo recelo. La otra cara del conjunto la esboza Raúl López, felizmente recuperado para el baloncesto.
Nueve de los jugadores del equipo catalán superan los 18 minutos de media y cinco están por encima de los 10 puntos ACB de valoración. Modas al margen, muchos firmarían con sangre disponer de esos mimbres.