«¿Se ha notado mucho que esta es la zona por la que entreno habitualmente?». Así explicaba Alejandro Valverde su victoria de ayer en la Vuelta a Murcia. Era su territorio. Mientras el equipo Lampre trabajaba en el alto de La Perdiz, en principio para Damiano Cunego, que no aguantó, fue Valverde el que atacó en una ocasión subiendo y el que buscó marcharse en solitario en la bajada.
«Ya dije el primer día que este final de etapa sería peligroso y no me he equivocado. Se han quedado delante nueve corredores. Estoy contento por el triunfo pero no estoy para ganar la general; al menos no es mi intención», señalaba un Valverde que ve a dos favoritos para el triunfo final: «Iván Gutiérrez y Santos González».
Los 172,4 kilómetros con final en Alhama de Murcia tenían en la ascensión al puerto de La Perdiz el primer aviso serio de la carrera. Ese puerto, de 6 kilómetros, consiguió que explotase el pelotón. Lampre asumió el trabajo. Cunego falló, pero no Valverde, Iván Gutiérrez, Santos González, Hruska, Carlos García Quesada, Vicioso, Figueras, Bernabéu y Sella.
No sólo se estaba jugando la etapa. También la general. Maniobró con inteligencia el Illes Balears. Tenían a Valverde para ganar y a Iván Gutiérrez le tocó coger las riendas del grupo. Ángel Vicioso buscaba lo mismo que Valverde, la etapa, y acabó encontrándose un muro con el murciano. Cunego cedió más de un minuto y Mayo y Menchov más de seis.