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Viernes, 3 de marzo de 2006
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proceso de paz
El lehendakari deja en manos de los partidos su papel en la mesa de negociación
Rebate con el referéndum de Montenegro la negativa de Zapatero a la autodeterminación
El lehendakari deja en manos  de los partidos su papel  en la mesa de negociación
VITORIA. El lehendakari saluda a los periodistas, con los que analizó el proceso de pacificación y normalización. / IOSU ONANDIA
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Juan José Ibarretxe eludió ayer alentar en público las expectativas sobre un cercano final del terrorismo de ETA, pero sí siguió mostrándose muy esperanzado en lograr que «el camino hacia la paz» sea «irreversible» y en que las fuerzas vascas puedan afrontar lo que él denomina «el día D más 1»: esto es, un proceso de «diálogo resolutivo» que conduzca a la definitiva normalización de Euskadi. En una cita con periodistas de la Prensa escrita, el lehendakari dejó en manos de los partidos la definición del papel que él deba desempeñar o no en una eventual mesa de negociación, cuya constitución situó en «un tiempo prudencial» a partir un hipotético alto el fuego de la banda y que no condicionó, en ningún caso, a que Batasuna tenga que ser legalizada. Ibarretxe sí reiteró que no habrá solución sin acuerdo sobre el derecho a decidir y «su ejercicio», y se amparó en el referéndum de independencia pactado por la UE con el Gobierno de Montenegro para reiterar al presidente Zapatero que la autodeterminación existe en la Europa contemporánea y puede aceptarse «sin dramatismos».

El lehendakari, que se mantiene en un segundo plano en plena efervescencia de las especulaciones sobre una retirada de ETA más o menos inminente, dejó traslucir su confianza sobre la posible pacificación de Euskadi pero mostrándose más cauteloso que otros miembros de su Gabinete. Preguntado sobre si comparte la apreciación del consejero de Justicia, Joseba Azkarraga, de que se ha alcanzado un «principio de acuerdo» entre el Gobierno socialista y ETA, Ibarretxe ni confirmó ni desmintió, lo circunscribió a una aportación «personal» y aseguró que él no hablará de la información de que dispone «aunque esté de moda» hacerlo.

Tampoco quiso aventurar por qué los terroristas han intensificado sus atentados, si constituyen o no la postrera demostración de fuerza de ETA. El ruido de las bombas es «profundamente contradictorio» con la esperanza de paz, según sostuvo, antes de volver a exigir a la banda una declaración «inequívoca y clara» de abandono de las armas para que el proceso arranque y resulte «creíble e irreversible». La distensión, añadió una vez más, debe ser absoluta, «de arriba a abajo»; es decir, no pueden quedar colectivos sujetos a amenaza porque eso supondría «una terrible injusticia», un requisito que cree asumido por «todos».

Ibarretxe no fue más allá públicamente en sus impresiones sobre el final de la violencia, pero sí se situó ante el horizonte político que puede alumbrarse a posteriori y, en concreto, ante la conformación de una mesa multipartita fruto de los contactos previos que están manteniendo todas las fuerzas vascas menos el PP. Una de las incógnitas del foro y una de las dificultades que se atisban para su creación -dado que grupos como el PSE se oponen a que él lo lidere- es el papel que asumirá el propio lehendakari. El aludido trató de restar trascendencia a una cuestión que atañe directamente a su protagonismo e instó a no alimentar «debates estériles» porque su labor, aseguró, será la que «definan» y «decidan» los partidos. «Yo no lo voy a hacer por ellos», apostilló, después de hacer gala de la «serenidad» con que encara esa eventualidad.

La metodología

Ibarretxe, que negó que nadie le haya pedido aún que encabece la mesa, agregó que éste es el plantemiento «claro, honesto y leal» que ha trasladado a sus interlocutores. En esta línea, consideró preciso consensuar un «procedimiento, metodología y calendario» que «comprometa» a todos e incluyó en esos preliminares el propio momento de constitución del foro. No quiso aventurar fechas, pero de sus palabras se desprende que la mesa no debería distanciarse mucho en el tiempo del inicio del proceso de paz. Y dejó claro que Batasuna es un «interlocutor» plenamente válido para su Gobierno, sin necesidad de esperar a que vuelva a ser legalizada o a que cambie de nombre.

El lehendakari, que volvió a prometer que se esforzará para poder convocar la consulta esta legislatura, interpretó el aval de la UE al referéndum para que Montenegro pueda separarse de Serbia como un revés para las tesis de Zapatero contrarias a la autodeterminación. «No se puede decir que no existe», rebatió, antes de llamar a la negociación sobre el derecho a decidir de los vascos a partir del «juego democrático» y de la búsqueda de «mayorías amplias, sin vetos». Negó que eso entre en contradicción con la propuesta del PNV y recalcó que está «en perfecta sintonía» con Imaz «en el fondo y en la forma, en la táctica y en la estrategia».



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