Licenciada en Contabilidad Pública, esta argentina dejó de auditar cuentas para dedicarse a su gran pasión: escribir historias de amor. Se presenta en España con 'Lo que dicen tus ojos'.
-¿Es la reina del folletín?
-¿Ojalá lo fuera! Pero las autoras de EE UU lideran este género.
-¿Se escribe mejor enamorada?
-Se puede hacer sin amor, pero ¿qué mujer no desea estarlo!
-¿Sus protagonistas son pasionales o tradicionales?
-Dibujo a mis protagonistas sin prejuicios, cultivadas y valientes. Quizás porque yo no lo soy.
-¿Cómo es?
-Me gobiernan los convencionalismos.
-Valientes, pero siempre acaban en brazos de hombres riquísimos.
-¿Nooo! En 'Indias Blancas', una chica de la supersociedad bonaerense se enamora de un indio, que en mi país era poco menos que enamorarse de un perro.
-¿Las dibuja, al menos, hábiles en las artes amatorias?
-¿Nooo! La novela romántica tiene su código. Si no, las lectoras te linchan. La protagonista suele ser virgen. Son los hombres los diestros en las artes amatorias; no ellas.
-Poca gente reconoce que lee novelas románticas.
-Todo el mundo lee a Cortázar o Borges. ¿Ya! La crítica nos bastardea... ¿Claro que no somos Saramago! Y da vergüenza comprar estos libros por sus tapas. Parecen revistas pornográficas.
-¿Pone gotas de infidelidad en sus historia?
-¿Prohibido!
-¿Por qué?
-Las lectoras no te perdonan. La infidelidad no tiene lugar en el idealismo del amor perfecto.
-¿Los 'donjuanes' o 'casanovas' son de su gusto?
-¿Siempre que dejen de serlo si la protagonista entra en acción!
-¿Existe el sexo en sus novelas?
-Sin erotismo, las lectoras lo considerarán una mala novela.
-¿Llena sus páginas de hombres ideales?
-Hago buenos amantes, caballeros, inteligentes... ¿Por qué no puede existir un hombre así?
-¿Sus novelas tienen final feliz?
-¿Siempre! Es de ley.
-¿Pero la vida no siempre es así!
-¿Por qué nos empeñamos en amar los finales tristes?
-El amor, como su país, ¿sigue en liquidación?
-Las mujeres jóvenes intentan ser iguales que los hombres. Y ahí falla el tema. En todas las especies, el macho corteja a la hembra. ¿Por qué no lo vamos a hacer nosotros si gratifica el alma? Para perpetuar la especie tenemos que estar juntos.
-En sus novelas, ¿quién corteja?
-Él a ella. Me gusta que la mujer se deje cortejar y que le haga sentir al hombre que recibe el mensaje. Ah, y, luego, devolvérselo.