 ÉXITO. Las protagonistas de la obra, Cristina Higueras (izquierda) y Fiorella Faltoyano. / C. E. |
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| LA OBRA |
Título: 'La calumnia', de Lillian Hellman.
Día: Sábado, 4 de marzo de 2006.
Horario: 19.00 y 22.15 horas.
Duración: 135 minutos, con intermedio.
Lugar: Teatro del Complejo Educativo de Eibar (antigua Universidad Laboral).
Intérpretes: Amparo Alboca, Teresa Cortés, César Díaz, Fiorella Faltoyano, Cristina Higueras, Carolina Lapausa y María del Puy.
Versión y dirección: Fernando Méndez-Leite.
Colaboración: Esta representación se programa en colaboración con la Mesa de la Mujer del Ayuntamiento de Eibar dentro de los actos organizados con motivo del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. |
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Dos amigas, Martha y Karen, ponen en marcha un colegio privado para niñas en Massachussets. Relaciones de amor y odio, mentiras varias y una calumnia atroz que desemboca en un hecho trágico. Así podría resumirse, a grandes rasgos, la obra que abrirá hoy de manera oficial la XXIX edición de las Jornadas de Teatro de Eibar. Una obra que viene cosechando rotundos éxitos desde que fue estrenada en el Teatro Cervantes de Málaga en diciembre de 2004. «Parece que la obra le está interesando muchísimo al público. De hecho, además, hemos estado con ella una semana en el Teatro Albéniz de Madrid, con más de diez mil localidades, y estaba abarrotado. Algo nada normal en ese teatro», precisó Cristina Higueras, una de las protagonistas de 'La calumnia'.
--¿Cómo definiría, en pocas palabras, esta obra?
--Es una de las mejores obras del teatro social americano del siglo XX. Y como ocurre con las grandes obras tiene más vigencia, adquiere más interés, con el paso del tiempo que cuando el autor, autora en este caso, la escribió. 'La calumnia' recoge el temor a la diferencia, hasta qué punto las cosas existen hasta que no se verbalizan, el daño que puede hacer una mentira. Recoge, también, de manera bastante sutil en este caso el tema de la homosexualidad femenina. También habla del acoso de unos niños a otros.
-Temas que se dan también ahora.
-Sí, desde luego. Son temas que han adquirido mucha más actualidad con el paso del tiempo que cuando Lillian Hellman escribió la obra en 1934. Es algo, no obstante, que suele pasar con las grandes obras: normalmente los grandes autores se adelantan a su tiempo.
-Entonces esta obra es una adelantada a su tiempo.
-Absolutamente. De hecho esa fue una de las razones por la que elegimos llevarla a los escenarios.
-¿Entonces, el espectador que vaya a verles se va a sentir identificado con la situación que se vive ahora y con la que se cuenta?
-Desde luego. El espectador participa en la obra. Con todo lo que pasa en ella se suelen oir murmullos, comentarios... Y esto es curioso porque normalmente la presencia del espectador siempre se percibe mucho en las comedias pero no en los dramas. Los actores sí percibimos cómo todos los temas que trata 'La calumnia' afectan a los espectadores por las reacciones que tienen.
-Una idea que se deduce de la obra puede ser que las mentiras causan más daño que los hechos en sí.
-Claro, por supuesto. Una mentira puede causar muchísimo daño. También creo que el espectador español se identifica mucho con esta obra porque vivimos en un país en el que desgraciadamente el derecho al honor de las personas no está reconocido: cualquiera puede decir cualquier cosa de un tercero.
-La obra termina trágicamente. ¿Es el único modo de sobrevivir al descrédito social?
-En gran parte ésta es una obra de denuncia y entonces, lógicamente, y para que la obra adquiera un significado y una importancia, creo que no había otra forma de terminarla. Pero ni antes ni ahora: las reacciones de la gente serían las mismas ahora si pasara lo mismo que cuenta la obra. Vivimos en una sociedad donde lo políticamente correcto es decir que todo eso está superado. Pero no es cierto. La doble moral sigue existiendo.