La creciente colonia de gatos que vive en el Puerto Deportivo de Getxo se ha convertido en objeto de polémica. Algunos paseantes, movidos por su amor a los animales, se dedican a alimentarlos. Otros vecinos reprueban esta conducta, mientras que los responsables de los muelles y los hosteleros creen que esta población de felinos genera problemas de salubridad.
María Ángeles Lage representa al primer grupo. Ella, acompañada de varias amigas, se dedica a alimentar con pienso y agua a estos animales en la escollera del muelle que cierra el Puerto Deportivo. «En estas rocas viven unos 18 gatos y somos varios los que venimos a atenderles», explica. Cree que, sin este apoyo, los mininos morirían, «porque aquí no tienen nada que comer», y considera «una obligación moral» procurarles el sustento que les siga manteniendo.
Reconoce que esta forma de actuar ha dado lugar a críticas de otros paseantes: «Nos dicen que no les demos de comer, que ellos tienen que buscarse la vida. Pero yo no puedo permitir que se mueran de hambre», mantiene. Sin embargo, para los responsables del Puerto este hecho tiene otra cara. «Han estado dando a los gatos comida sobrante de los locales hosteleros. Eso provoca suciedad y proliferan las moscas y las ratas», informan desde Capitanía.
Desbarajustes
Los hosteleros de la zona tienen su propia visión. El gerente de Getxo Plaza, asociación que agrupa a todos los restaurantes que comparten el espacio de comedor, explica que el número de felinos se está multiplicando de manera alarmante, lo que provoca muchos problemas. «En invierno alguno suele entrar al edificio, pero la situación está más controlada. Lo peor es cuando llega el buen tiempo y la gente come en la terraza. Los gatos se suben en la mesa a por las sobras, tiran las bandejas y organizan muchos desbarajustes», asegura Luís García.
El Ayuntamiento de Getxo dispone de una ordenanza en la que se prohíbe a los vecinos que alimenten a los animales silvestres, incluyendo en este grupo a los gatos, palomas y patos. El concejal responsable del medio ambiente, Fernando Burzako, explica que, a partir de abril, se hará efectiva una campaña para concienciar a los vecinos de los inconvenientes que acarrea esta práctica. Pero en el caso del Puerto Deportivo la actuación del Consistorio está limitada, y los guardias municipales no tienen potestad para multar a quienes incumplan esa normativa. El concejal aclara que se trata de «un espacio de titularidad privada en el que, en principio, nosotros no podemos entrar a sancionar. Son los gestores quienes deben tomar las medidas que consideren oportunas».