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Sábado, 4 de marzo de 2006
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MARGEN DERECHA
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Cuando el depredador deja de cazar
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«Si el hombre interviene el hábitat se desajusta», afirma Esteban Martínez. El veterinario de la Asociación Protectora de Animales y Plantas de Vizcaya explica que el hecho de alimentar a los gatos asilvestrados trastorna el equilibrio natural del medio.

«La colonia de gatos crece y cambian los hábitos de esos animales, que se adaptarán con facilidad a la nueva situación, olvidando la costumbre de la caza para subsistir. Si sobra comida, no se molestan en cazar», apunta. Por lo tanto, la población de ratas que los mininos depredaban también crecerá, porque su enemigo ha dejado de serlo.

Martínez comprende a aquellas personas que dan comida a los gatos y que actúan movidas por su sensibilidad y por un sentimiento de pena hacia las penurias que padecen los animales. El experto plantea una solución intermedia: «Podría optarse por esterilizar a los felinos, para evitar un crecimiento excesivo, y educar a la gente para que les dé comida limpia y procure no molestar». En ese sentido, propone que se dejen pequeños cuencos con pienso en los lugares frecuentados por los michinos, «pero durante media hora. Luego pueden retirarlos y así se evitan la suciedad y los malos olores».



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