El Correo Digital
Domingo, 5 de marzo de 2006
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OPINIÓN
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Formas de pasar el tiempo
Algunos no necesitamos de costosas diversiones para pasarlo razonablemente bien. Los crepúsculos y los amigos son gratuitos y los libros, digan lo que digan quienes no los compran, son bastante baratos. No hay que identificar el solaz con su precio. Quienes nos hemos distraído siempre con una mosca es porque sabemos que las moscas son muy distraídas. Cualquier cosa puede serlo si la observamos con atención durante más de cinco minutos: una gotera o un fragmento de nuestra propia piel. La de las manos, por ejemplo, que son lo que tenemos más a mano. Otras personas, no menos dignas de compasión, se aburren siempre. Incluso existe un tercer grupo que, no satisfecho con eso, se dedica a aburrir a los demás.

Para librarse del tedio, muchos prometedores adolescentes han ideado nuevas estrategias. También se dividen en varias clases: los hay que pegan a sus profesores y los que muestran una mayor preferencia por golpear a sus compañeros más débiles. Su ámbito son los colegios y alrededores. Otros lo amplían a la ciudad entera y tienen un horario más extenso. Por lo general se dedican a quemar pobres, lo que nadie puede discutir que es el mejor procedimiento que se ha encontrado hasta ahora para luchar contra la mendicidad.

No deja de ser significativo que el linaje de vengadores que no necesitan haber sido ofendidos con anterioridad graben las agresiones en sus teléfonos móviles. A falta de móvil que justifique los hechos, cada uno tiene el suyo. Parece que el Ministerio de Educación va a tomar cartas en el asunto, pero no es probable que tenga correspondencia. Los chicos no están dispuestos a aburrirse. Están llenos de energía y las tardes de invierno son largas. Apalear ancianos o rostrizar pordioseros evita que bostecen.



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