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Domingo, 5 de marzo de 2006
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CULTURA
CAROLINA FERRE, PERIODISTA
«No me apasiono demasiado con nada»
«Si yo concursara en mi programa me dedicaría a hacerle la pelota al chef», dice la presentadora de 'Esta cocina es un infierno'
«No me apasiono demasiado con nada»
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Hay que tener mucho temple para sobrevivir a dos cocinas en hora punta, y esta alicantina de 31 años lo tiene. Desde que se presentó a un casting de Canal 9, hace diez años, Carolina Ferre no ha parado de hacer televisión. Ahora conduce 'Esta cocina es un infierno', en Tele 5. Y compite durante unos minutos con su pareja, Andreu Buenafuente. Muy celosa de su vida privada, Carolina admite a regañadientes que siguen juntos y que están muy bien. Y también que los humoristas, de puertas adentro, «son más normales de lo normal».

-¿Se imaginaba una cocina tan infernal?

-Bueno, esto no ha hecho más que empezar y la convivencia es complicada.

-¿Se sometería usted al ojo de la cámara durante 24 horas al día?

-Ay, yo no.

-¿Y comprende a quien lo hace?

-Sí. Una de las motivaciones, aunque minoritaria, podría ser las ganas de vivir una experiencia vital. Y las otras dos: por fama y por dinero. Las tres me parecen buenas. Al fin y al cabo, hacemos los programas gracias a ellos.

-Si concursara usted, ¿se dedicaría a cocinar o a intrigar?

-Yo me dedicaría sobre todo a la cocina. Y en concreto, a hacerle la pelota al chef. Porque al final tienes que ganarte su confianza para que te haga nominar y no ser tú el nominado. Pero intrigante no soy.

-¿Se le da bien la convivencia?

-Creo que sí. He convivido bastante. Tengo tres hermanos, somos familia numerosa, y hemos sido como una piña. Siempre ha habido mucha gente por casa y eso ayuda. Como estudiante, en Valencia, también compartí piso con cuatro chicas. Creo ser muy tolerante y comprensiva. Lo importante es la comunicación.

-Comparándola con Mercedes Milá, podría decirse que usted representa la línea fría.

-Si lo ve así, así será, porque en televisión es muy difícil disimular y yo sobre todo intento ser muy natural y normal. El programa me encanta y lo sigo, casi tanto como Mercedes. Y digo casi, porque lo de ella es vicio. A mí me interesa mucho, pero no es mi vida.

La mitad

-¿Es flemática ante el caos?

-Un poco sí. Soy bastante tranquila y creo que lo transmito. Sobre todo, intento tomarme las cosas con equilibrio: ni me apasiono demasiado con nada, ni le cojo demasía manía a nadie.

-¿Y esa retranca suya?

-Me gusta que se note que me lo estoy pasando bien. Y, también, desdramatizar un poco las cosas. Esto lo digo por Bárbara Rey, que se encoleriza con Michel... En la casa, todo lo que ocurra hay que rebajarlo a la mitad. Porque lo cierto es que los que entran ahí se transforman. Es el experimento sociológico que diría Mercedes...

-¿Usted también como la Milá?

-No. Eso lo ha dicho ella, mi maestra, y se lo dejo para siempre.

-Sé que cocina poco...

-En mala hora lo confesé. Tenía que haber mentido, porque así no me voy a casar...

-Pero si está ya más que casada, después de seis años.

-Ya sabe que no me gusta comentar esas cosas.

-¿Nos quedaremos sin saber si sigue con Andreu Buenafuente?

-Estoy muy bien. Y sólo puedo decir que Andreu sabe poco de cocina y yo también. Así que, juntos o separados, sobrevivimos.

-Dicen que su reciente crisis se debió a que usted no quiere vivir en Barcelona...

-No tuvo nada que ver con eso. Yo adoro Barcelona.

-De hecho, ahora mismo debe de ser la reina del puente aéreo.

-Sí, sí. La famosa Terminal 4 me está amargando un poco la vida, porque casi llegaría antes andando. Pero, bueno, mientras no haya AVE, es un buen enlace.

-Por cierto, ¿qué era aquello de los chorizos parrilleros?

-(Risas) No sé cómo se me ocurrió cantarle eso a Miguel Bosé. Tengo en la cabeza unos ítems difíciles de borrar y una cultura muy levantina. Pero es que la cosa estaba ya calentita, nos estábamos divirtiendo y él me hizo una pregunta muy pícara: ¿Qué me comerías? Así que yo, ante eso, contesté con una cancioncilla de Georgi Dann, la de la barbacoa... Y de ahí, los chorizos parrilleros.

-Aquellos chorizos fueron carne de 'zapping' y dejó a Bosé rendido a sus pies.

-¿Ojalá! Pero, mira, no me ha invitado a comer ni chorizo ni nada. Tengo una comida pendiente en Somosaguas, no sé para cuando...

-Le quitaron 'Plan C'. ¿Cómo reacciona ante el fracaso?

-No lo considero un fracaso. El bajón sólo me duró un par de semanas, hasta que recapacité y pensé todo lo que había aprendido. Era el programa que más se parecía a lo que yo siempre he querido hacer en televisión. Además, pude entrevistar a Bosé, el sueño de mi vida. Soy su fan desde los seis años.

-¿Cómo lleva lo de competir en audiencia con Andreu Buenafuente, su pareja?

-En ello estamos. Competimos, pero poquito, porque cuando yo estoy terminando él empieza. Y nos divierte, lo comentamos al día siguiente... Hoy la audiencia está muy repartida, y eso es bueno. Espero que los directivos de televisión lo sepan ver como yo. Siempre he dicho que ojalá podamos comer todos de esto.

Un poco hippy

-¿Soñó alguna vez con ser Miss Alicante?

-Nunca. Sólo tenía una aspiración, que aún pervive: ser actriz. Pero mis padres me lo quitaron de la cabeza.

-¿Seguirá los consejos de Bienvenida Pérez para seducir?

-Espero que me los explique mejor, porque eso de los polvos de talco con pétalos lo veo un empaste... De momento, tanto en la tele como en mi vida: normalidad, naturalidad y un poco de 'hippysmo'; en el sentido de tomarme las cosas un poco como vengan.

-Según usted: 'Los hombres con delantal son sexys'. ¿También Sergi Arola cuando grita?

-No crea, a mí el carácter fuerte me gusta. Y Sergi, cuando explota, es porque tiene que explotar.

-Para seducirla, ¿deben cocinar o hacerla reír?

-Si me hacen las dos cosas, mejor que mejor. Pero al humor le doy mucha importancia.

-Pues dicen que, en privado, los humoristas son muy aburridos.

-Son normales. Espero no hablar más de la cuenta, pero creo que guardan toda su fuerza y todo su humor para entregarlo, que es una cosa preciosa, a su público y a su gente, que espera eso de ellos. Así que en la vida real, son más normales de lo normal.



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