Decenas de pistoleros, brujas y hasta algún que otro Frankenstein fueron testigos del ajustado y merecido triunfo conseguido ayer por el Sestao ante el Basconia en Las Llanas. El gol logrado por Unai Pereda a la media vuelta en el minuto 40 permite al conjunto verdinegro mantener la buena línea mostrada en las últimas semanas y aumentar la distancia con respecto a sus principales perseguidores.
Pese a no jugar un gran partido y enfrentarse a uno de los rivales más complicados que ha visitado Las Llanas hasta la fecha, los de Carlos Pouso salieron ayer muy reforzados tras esta difícil y trabajada victoria. Los tres puntos obtenidos por el River le permiten aumentar a 16 su distancia con los basauritarras, terceros clasificados, y ampliar a 9 la diferencia con el Gernika.
En la primera mitad, los hombres de Carlos Pouso se vieron sorprendidos por la presión del conjunto visitante y tuvieron grandes problemas a la hora de mover el balón. El primer susto corrió a cargo de Carracedo, que mandó fuera una peligrosa falta botada desde el borde del área en el minuto 12. La réplica de los locales llegó en el minuto 40, cuando Unai Pereda estableció el definitivo 1-0 al hacerse con un rechace dentro del área y batir a Mandaluniz.
En la reanudación, el Sestao se encontró con menos problemas para desarrollar su juego. El gol verdinegro obligó a los de Liñero a abrir sus líneas y buscar con más ahínco la portería defendida por Macías. Esto permitió a los hombres de Carlos Pouso hacerse con el control del encuentro.
El técnico sestaoarra movió banquillo y dio entrada a Koldo, Arzubiaga y Yartu con el objetivo de oxigenar su equipo. En los últimos 10 minutos el Sestao gozó de las mejores ocasiones para aumentar el marcador. La primera de ellas corrió a cargo de Añibarro en el 84, pero su remate de volea se fue alto. En el 90 fue Yartu quien finalizó un contragolpe con un flojo disparo a las manos de Mandaluniz. La ocasión más clara la tuvo Koldo cuando el partido agonizaba. El ariete local envió un potente zurdazo ajustado al palo que obligó al meta a lucirse con una genial estirada.