'El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra'. Este dicho puede hacerse realidad si esta tarde el Logroñés, con una trayectoria casi inmaculada, vuelve a brindar en bandeja el triunfo al Haro, como ocurriera en la primera vuelta en el partido que se celebró en El Mazo.
De aquel enfrentamiento -el primero entre los dos equipos desde la temporada 2000-01-, el conjunto que dirige Juan Carlos Herrero puede extraer una serie de conclusiones evidentes sobre cómo juega y deja jugar, dentro unos márgenes, el Haro. Como mínimo, el técnico vizcaíno ya sabe que al equipo de Alberto Iglesias le gusta ser dominado; esto es, sabe esperar en su campo.
Sin caer en engaños. Los blanquinegros ceden la pelota al rival, acumulan mucha gente detrás del balón y esperan el momento oportuno para asestar el golpe de gracia a los rivales. La defensa -con gran poderío en el juego aéreo- se junta para no conceder espacios a los delanteros rivales; el medio del campo -en la zona central se multiplican en las labores de intendencia- aprieta para que no haya una ordenada circulación del esférico; y los delanteros inician la presión para obligar al equipo contrario a jugar de una forma más directa.
Por lo tanto, el Haro acepta el reto de dejarse dominar. Lo hace porque también conoce cómo desenvolverse cuando el balón le llega a su territorio. A lo largo de esta campaña han demostrado que saben adaptarse a dos opciones diferentes. Ha habido encuentros en los que han tenido que llevar la iniciativa y han sabido buscar un juego dinámico en los metros finales donde la rapidez, habilidad y calidad de sus hombres más adelantados -dígase el zurdo Gerika y los goleadores Iker Corral o Raúl Salcedo-, marcan las diferencias.
Sin hacer ruido
Asímismo, ha habido otros enfrentamientos en los que han ido trabajando el partido como las hormigas, poco a poco, metro a metro, sacrificándose y esperando a los últimos momentos. Ahí, es donde el conjunto de Alberto Iglesias explota sus recursos, que se lo digan al Logroñés.
Porque otro factor, muy a tener en cuenta, es el de la concentración blanquinegra. Cuando un equipo logra una o dos victorias en los últimos minutos puede pensarse que el factor suerte ha influido, pero cuando se ha convertido en norma -sobre todo mediada la temporada-, el rival debería empezar a preocuparse.
Por eso esa alegría en el juego, ese torrente de oportunidades y ese festival de goles tan habitual en Las Gaunas, se antoja complicado de presenciar a lo largo de esta tarde. Juan Carlos Herrero lo sabe y ha concienciado a los suyos para que sepan que «a pesar de estar controlando el balón, marcar el ritmo de juego y crear ocasiones, debemos ser conscientes de que ésa es su forma de jugar porque ellos se sienten cómodos con ese fútbol».
El entrenador blanquirrojo va más allá: «Hay que tener especial atención a las jugadas de estrategia. Cuando hay una falta en su campo, golpean en largo. Nuestra capacidad de concentración y nuestra exigencia, en este apartado del juego, deben ser máximas».
Igualdad extrema
Lo que si es evidente, como ya se pudo comprobar en el Calahorra-Haro, es que este tipo de partidos no suelen ser vistosos. El respeto en los primeros minutos impera, lo práctico supera a la filigrana y el arte futbolístico queda para mejor ocasión. Ante tales situaciones el Haro ha demostrado efectividad y aplomo: «Si estamos ahí, es por algo», argumenta Alberto Iglesias.
Como indica el preparador blanquinegro, «por lo menos mis jugadores están convencidos de que se puede ganar y eso es importante, que el jugador se muestre como él es. Que tenga tranquilidad y confianza con el balón en los pies». Lo dicho, que el Logroñés puede volver a tropezar.