La firma consultora LKS, en la que trabaja Juan Luis LLorens, cumple 15 de años de vida independiente desde que se desgajó de Caja Laboral. Para celebrarlo, los responsables de la cooperativa, perteneciente al grupo MCC, van a realizar un seminario sobre globalización el miércoles en el que debatirán asuntos de actualidad como la fuga de empresas a zonas de costes más bajos. Llorens explica que no se debe confundir internacionalización con deslocalización, ya que muchas veces es necesario implantarse en el extranjero para sobrevivir y continuar en el mercado. «Hay que salir fuera para mantener lo de dentro», resume.
-La papelera Virtisú, la planta Springs de Zamudio... Cada vez es más larga la lista de empresas que cierran sus puertas en Euskadi para trasladarse a otro lugar. Este goteo constante, ¿va a ir a más?
-Es un fenómeno que llama la atención porque coinciden muchos casos en un corto periodo de tiempo, pero obedece a un constante reajuste espacial de las empresas. Es más una reestructuración de costes de las compañías que están en varios puntos de España y deciden cerrar en uno para concentrarse en otro, que una consecuencia directa de la globalización. Casos en los que se cierra una planta en Euskadi para producir lo mismo en Polonia o India hay menos porque el peso de la inversión extranjera en el pasado reciente ha sido reducido.
-¿No cree, entonces, que el País Vasco esté sufriendo el azote de las deslocalizaciones?
-Hay que distinguir este proceso del de la internacionalización. Muchas veces es necesario invertir fuera para mantener lo que tenemos dentro. Pero son inversiones que en ningún caso se hubiesen hecho en Euskadi sino que tienen por objeto llegar a mercados que no pueden ser abastecidos desde aquí. Porque los clientes finales exigen que les acompañes y piden suministradores globales. Este tipo de inversiones no implican una reducción de la capacidad de actuación en el propio País Vasco sino que refuerzan la matriz.
-¿Qué sectores son los más vulnerables a esta amenaza?
-Todas aquellas industrias en las que la escala de producción implique reducción de costes. Es el caso de la automoción, los electrodomésticos, las conserveras... Este último sector está condicionado por la pérdida de capturas en el entorno más inmediato.
-¿Cree que estos sectores están tomando las medidas adecuadas?
-Muchas de estas empresas han salido fuera y la internacionalización es una respuesta positiva al problema. Las que no tengan tamaño suficiente para ello, deberán buscar alianzas. El camino de la globalización implica que las compañías trabajen menos solas y cooperen con otras. Las empresas aisladas son las que tienen más dificultades para sobrevivir.
-Muchas de las empresas que se están marchando de Euskadi han recibido ayudas del Gobierno vasco, lo que ha abierto un debate en torno a estas subvenciones. ¿Cómo cree que debe actuar la Administración al respecto?
-Las ayudas se deben condicionar a la obtención de unos resultados como la creación de unos determinados puestos de trabajo. Y si no se cumplen estos requisitos, deberían ser reclamables. De todas formas, no creo que haya tantos casos de empresas que vayan trasladándose de un sitio a otro en busca de subvenciones. Los cierres obedecen más al fracaso del proyecto empresarial.
-Aparte de los casos de traslados de plantas a zonas con costes más bajos, el País Vasco ha sufrido un desplazamiento masivo de los 'cuarteles generales' de sus grandes empresas a Madrid. ¿Cuáles son las causas de este fenómeno?
-Las grandes empresas tienen una tendencia natural a concentrarse en las grandes ciudades pero, además, este proceso se ve acelerado por las fusiones entre compañías, que alejan la propiedad del territorio en el que nacieron. El BBVA es un buen ejemplo de ello. Es algo que, sin embargo, no ocurre en las cooperativas, porque los dueños siempre van a mantener su vinculación a la tierra. Al margen de todo ello, para que una ciudad atraiga capital debe reunir unas determinadas condiciones de comodidad y accesibilidad. Y en ese punto, Euskadi ha tenido el problema del conflicto político.
Terrorismo
-¿Qué peso tiene el terrorismo en este proceso?
-Creo que es difícil hablar de porcentajes pero estoy convencido de que en las decisiones de desplazamiento de las grandes corporaciones de los años 70-80 el factor político tuvo un peso muy importante. El terrorismo ha alimentado la idea de que en Bilbao no se puede estar. Este proceso de traslado de los centros de decisión se hubiese dado de todas formas, pero está claro que la situación política ha jugado un papel clave en él.
-También hay preocupación por la marcha de jóvenes a trabajar fuera de Euskadi.
-Que se vayan fuera a adquirir experiencias profesionales que aquí no tienen no es preocupante. Es enriquecedor. Lo inquietante es que luego no sepamos recuperar a esa gente, porque supondría la pérdida de activos clave. Y, degraciadamente, conozco muchos casos de personas que se han ido y tienen dificultades para volver a Euskadi, porque aquí no encuentran oportunidades interesantes.
-Las recientes OPAs en el sector energético han dejado patente que en Europa sigue vigente un alto grado de proteccionismo nacional. ¿Qué opina de ello?
-Considero que esos procesos de concentración son necesarios aunque también hay que procurar que haya una distribución equitativa de lo que queda en cada uno de los países implicados. En cuento a las medidas proteccionistas adoptadas, creo que obedecen a la hipocresía que siempre ha habido en el ámbito político-económico, que lleva a respaldar sólo los cambios que nos favorecen. Pero entiendo que las convicciones europeas se impondrán a largo plazo.