El presidente estadounidense, George W. Bush, elogió ayer la colaboración de su homólogo paquistaní, Pervez Musharraf, en la guerra contra el terrorismo, aunque instó a su aliado a continuar defendiendo la democracia. El líder norteamericano finalizó en Pakistán su gira por el sur de Asia, desde donde emprendió ayer mismo su regreso a Estados Unidos. La visita de Bush estuvo rodeada de fuertes medidas de seguridad.
«Parte de mi misión ha sido determinar si el presidente sigue comprometido como lo ha estado en el pasado de llevar a los terroristas hasta la Justicia, y sí lo está», indicó Bush en una rueda de prensa conjunta con Musharraf. «Él entiende los pasos, entiende la responsabilidad y entiende la necesidad de asegurarnos que nuestra estrategia pueda derrotar al enemigo y de que Islamabad cuenta con los equipos y fuentes para atrapar a los terroristas y sus simpatizantes», agregó.
Por su parte, Musharraf reafirmó su apoyo a Washington en la lucha contra el terrorismo liderada por la Administración Bush. «Está muy claro que las intenciones de Pakistán y las mías están muy próximas y que tenemos una estratégica relación en cuestiones como la lucha contra el terrorismo», indicó con satisfacción el líder surasiático.
«Si hay bajones, es en la parte de la implementación, pero estamos trabajando juntos y el proyecto tendrá éxito», aseguró. Asimismo, Bush manifestó que la mejor vía para combatir y acabar con la red terrorista Al-Qaida es «compartir un buen servicio de inteligencia».
Paralelamente, el inquilino de la Casa Blanca consideró que los atentados perpetrados en Karachi el jueves, en los que perdieron la vida cuatro personas -entre ellas un diplomático estadounidense- y otras 52 resultaron heridas, muestran que la lucha contra el terrorismo continúa y que Norteamérica no puede echarse atrás.
El presidente de Estados Unidos señaló la importancia de la alianza entre Islamabad y Washington también en la lucha internacional contra la proliferación de armas nucleares. Sin embargo, Bush provocó cierto malestar entre los dirigentes paquistaníes al negarse a proporcionar a la nación islámica la misma asistencia nuclear que a la vecina India, principal rival del régimen paquistaní.
Frustración
Pakistán había asegurado que deseaba un acuerdo similar, a pesar de que Washington esté dispuesto a ayudar al país a desarrollar su programa de armas atómicas. «Pakistán e India son diferentes países con diferentes necesidades y diferentes historias», señaló Bush.
«A medida que avancemos, nuestra estrategia será considerada en función de las bien conocidas diferencias», añadió el líder de la mayor potencia mundial. Estados Unidos se ha mostrado reacio a compartir tecnología nuclear con Pakistán debido a que hace dos años el principal científico nuclear del país, A. Q. Khan, lideró una lucrativa campaña en el mercado negro de armas que suministraba material a Irán, Libia y Corea del Norte.
Sin embargo, el Gobierno de Islamabad siempre negó conocer esta implicación. No obstante, para calmar los ánimos, Bush aseguró que su secretario de energía visitará próximamente Pakistán para ayudar a que el país surasiático alcance sus necesidades energéticas.
Respecto a la disputada región de Cachemira, el presidente norteamericano indicó que el mejor camino para resolver las disputas entre India y Pakistán es la negociación por parte de líderes de ambas partes de un acuerdo común sobre el futuro de la región himalaya.
Mayor participación
Pakistán ha solicitado una mayor participación de Estados Unidos en el conflicto que ha desatado dos guerras entre los dos países fronterizos saldadas con la división de la región. Pero Bush no indicó que Washington esté dispuesto a aumentar su participación en la polémica disputa.
Sin embargo, se mostró partidario de que Musharraf y su homólogo indio, Manmohan Singh, alcanzasen un acuerdo. «El mejor camino para resolver el conflicto es que ambos líderes se unan y vayan por delante, y eso es exactamente lo que ha hecho el presidente Musharraf y lo que el primer ministro Singh ha asegurado que quiere hacer», indicó. «El papel de Estados Unidos será el de animar a las partes a caminar juntas», concluyó.