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Lunes, 6 de marzo de 2006
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CULTURA
TEATRO
Gritos de paz
Gritos de paz
El dramatismo de Shakespeare, a escena. / MAITE BARTOLOMÉ
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LAS OBRAS
Títulos: 'La tempestad' y 'Hamlet'

Autor: William Shakespeare

Versión y dirección: Lluís Pasqual

Música: Josep Mª Arrizabalaga

Espacio escénico: Paco Azorín

Intérpretes: Helio Pedregal, Rebeca Valls, Jesús Castejón, Iván Hermes, Francesc Orella, Anna Lizarán, David Pinilla, Aitor Mazo

Teatro Arriaga:. 4 de marzo.

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Se agruparon espectáculos recordando lo que el teatro fue, la gran ceremonia civil: Bob Wilson, Peter Stein, Doufexis... Y en festivales coinciden versiones de un título, por ejemplo varios 'shakespeares' que compara el aficionado con pasión. Tal aspecto tiene la brillante sesión del pasado sábado.

Estos ciclos a veces contienen la visión sucesiva de conflictos. Con 'Hamlet' y 'La tempestad' aterrizan dos obras gestadas en lugares y tiempos diferentes, con talante distinto, referidas a un tema monográfico, la venganza. En la primera la venganza implacable castiga también a los justicieros; en la otra el vengador es magnánimo, y perdona. Pero son obras divergentes en la forma, en el talante teatral, y escritas por un Shakespeare más libre y fabulador que testigo de su época.

En 'La tempestad' Lluís Pasqual acentúa magia y sorpresa. En 'Hamlet' aprovecha menos el lugar escénico, lo que es habitual en el director, los personajes van y vienen por la platea, salen, suben y bajan; en 'La tempestad' se localizan más las truculencias en ese taller y herramienta que es el escenario. En ambas se logra una espléndida energía teatral.

Pasqual es un buen director de actores. Si Eduard Fernández talla un Hamlet personalísimo y absorbente, Orella es el memorable Próspero en 'La tempestad', que propicia un mayor confort para los despliegues casi corales de toda una compañía de perfil irregular, pero con gran nivel.

Pasqual repite en ambas el recurso de deconstrucción de los signos sonoros e icónicos. Oímos acentos regionales, el jebo, el riojano-aragonés, el gallego; se mezclan indumentarias, correajes y uniformes, disfraces de carnaval, ternos de calle y la colcha de la abuela; melismas tradicionales, tonadas y falsetas sabidas, instrumentos populares (por cierto, todo a costa del común, no de los aristócratas). ¿Quiénes son?, ¿dónde están y dónde estamos? El recurso es lícito, una expresión sin aduanas, un guiño que da oportunidades y vuelo a un eminente plantel de oficios creativos, pero al abrir ahí un terreno arbitrario, arbitrarias se vuelven también las palabras: la deriva a la hora de descodificar lo plástico compromete la intención simbólica y el sentido crítico y político de palabras con fronteras.

Shakespeare ha sido hoy y aquí el pie para la diversidad, el cruce de pareceres, y todo ello para un gozoso día de teatro que continuará.



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