Tanto jugó con fuego el TAU Cerámica que cerca anduvo de quemarse. Falto de tensión, no dio una a derechas durante casi toda la tarde. Menos mal que en el tramo de la verdad, con medio pabellón ya con las uñas en carne viva, se aplicó lo suficiente atrás al tiempo que Erdogan salvó la papeleta en la otra mitad de la cancha. Si a esto se une la diminuta eslora del contrincante, un Fórum osado pero enfermo de vértigo en esa fase decisiva, el equipo vitoriano salvó los muebles en el esperado reencuentro con los suyos.
¿Quién iba a decir que en una cita como la de ayer, perteneciente a la intrahistoria de la ACB, se echaría tanto de menos a Scola! Los primeros, sus compañeros. Jugaron con una marcha menos. Sin automatismo alguno. Quizá extrañados por la ausencia de su principal desatascador, reservado para compromisos de mayor calado debido a su fascitis plantar. El miércoles sí estará.
Seguro que -como recalcó Perasovic por activa y por pasiva en los días previos- existe plantilla suficiente capaz de solapar tan importante ausencia, pero su conjunto pareció decidido a rebatir esta afirmación. Ya que progresó a trompicones. Fue incapaz de centrarse en labores defensivas. Y, sobre todo, careció de la chispa adecuada. Huérfano de la fluidez de sus últimas apariciones. Como si le faltara algo.
Un detalle para la reflexión. Los 'bloqueos y continuación' representan una de las principales armas baskonistas esta temporada. No pasan más de tres ataques seguidos sin que el equipo realice alguno. Casi siempre, con Prigioni y Scola como ejecutores. Dando la impresión de que podrían completar la acción con los ojos cerrados. Pues ayer, apenas se registró uno por cuarto.
Sin en esa bala en el revólver, al TAU le costó un mundo sacar adelante cada posesión. Más por su propia inmovilidad -un desacertado Prigioni botó más que nunca ante la falta de actividad de los suyos- que por la solidez vallisoletana. Como tampoco acertó el Baskonia a encender la caldera defensiva, el pulso apuntó a drama. Y de los de pañuelo en mano.
El levantamiento a tiempo de la tropa de Perasovic, unido a los ocho puntos consecutivos rubricados por Erdogan en los dos minutos finales, desnivelaron la balanza. Hacia el lado alavés. Hacia un resultado lógico, que se demoró mucho más de lo esperado. Por las taras locales.
Enseguida se percibió que el partido no reportaría demasiadas alegrías. Ni momentos para el recuerdo. El TAU -que no aparecía por el Buesa Arena desde el pasado 12 de febrero- salió muy frío. Como la temperatura ambiental.
A rebufo
Su defensa era un coladero, aprovechado por Santos y los pívots pucelanos, escasos de talla pero sobrados de corazón. Los morados marcaban la pauta. Y el local, poseedor de una calidad superior, iba a rebufo.
Para complicar un poco más el asunto, Splitter cometió su segunda personal a los cuatro minutos. Mirada general al banquillo. Drobnjak, en el día idóneo para reivindicarse, se desprendió del chándal. A jugar. No dio, sin embargo, demasiados argumentos a sus defensores. Porque resultó invisible para sus compañeros. Y, también, debido a que no agregó ni una pizca de la intensidad que precisaba la formación azulgrana en sus dominios. En ese primer cuarto, sólo Erdogan se acercó a la partitura prevista.
El Fórum, una hormiguita, iba a lo suyo. Sobrio y solvente, se esforzaba en cada acción. Además, su entrenador, Paco García, trataba de incordiar alternando defensas individuales con zonales. U optando por cuatro 'pequeños'.
El anfitrión, con un Hansen avasallador en el rebote, daba pequeños hachazos. Sólo que le resultaba imposible mantener en el tiempo una actividad lo suficientemente alta. Le faltó calma. Sobró precipitación. Y en éstas, el trío arbitral -con la colegiada Cardús, la tercera según el acta, erigida en protagonista absoluta- decretó el intermedio de la obra. 42-41 y la impresión de que, hasta ese momento, había existido más espectáculo en las actividades paralelas de los tiempos muertos que en el juego.
Anudados
No mejoró demasiado la cosa en la reanudación. Ambos equipos seguían anudados. La ventaja cambiaba de manos con inusitada rapidez. Eso sí, las faltas comenzaron a hacer mella en el Fórum, sometido a un criterio mucho más duro que el Baskonia. Cuestión de clases.
El último cuarto abrió las puertas y el cuadro pucelano conservaba sus opciones. Alguno incluso amenazó con perder los nervios ante tanta incertidumbre. Prigioni recibió una merecida antideportiva por pegar un manotazo a Morlende en un contraataque.
Se produjo entonces la expulsión de Splitter, el mejor interior de la noche. 70-67 y 1.27 por jugarse. Nerviosismo general. Al Fórum le entró el tembleque. Erró hasta cuatro ataques seguidos. Y en el Baskonia, con más hechuras en estas situaciones, apareció Erdogan. Un triple, otro, dos tiros libres convertidos. Y la victoria, por fin, en el zurrón. Sin quemadura alguna.