El Correo Digital
Lunes, 6 de marzo de 2006
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DEPORTES
ATHLETIC
Yeste, el capitán solitario
Comenzó de segundo delantero junto a Aduriz, dio el pase del gol, jugó también de media punta y acabó casi de líbero
Yeste, el capitán solitario
BATALLADOR. Fran Yeste peleó de forma constante para hacer daño al Sevilla.
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Yeste es una estrella destinada a brillar en situación de inferioridad. Con casi todos sus compañeros ocupados en taponar, cortar, presionar y levantar muros, a él y a Aduriz les tocó tirar paredes en el otro sentido, el que dirigía hacia el portero con apellido gremial: Notario. Aduriz hizo de Urzaiz. Y Yeste, de todo. A él, que ve el fútbol unas centésimas antes de que se produzca, siempre le piden más: construye paredes y luego remátalas. Como ayer. Al choque, repartiéndose por todos los ángulos del campo, acunando el balón mientras los otros dorsales rojiblancos recuperaban metros, sacando los córners y hasta rematando de cabeza.

Lástima que la escalofriante situación del Athletic en la clasificación obligue a Yeste a jugar en inferioridad. Una isla entre rivales. Es un futbolista exacto, pulcro en cada gesto, de esos pocos que saben combinar la pausa con el látigo. Ante el Sevilla, apenas cuatro minutos después del primer gol andaluz, recogió del cielo un atinado pase de Amorebieta y, de cabeza, lo puso en las botas de Aduriz. De ese intercambio nació el empate. Luego tumbó en un choque a Maresca. Más tarde puso su rostro entre el balón y la portería de Lafuente para detener un disparo de Ocio. Hombre orquesta. Se dio a la entrega y, además, le puso gotas de armonía. Pero en inferioridad.

En eso, en el minuto 39, el árbitro expulsó a Dragu por un codazo a Aduriz y dictó la superioridad del Athletic. Numérica. Cuantitativa. Engañosa. De hecho, Yeste siguió en inferioridad. Era un capitán -llevó el brazalete distintivo desde el inicio- sin más tropa que Aduriz. Hasta el minuto 20 de la segunda mitad no salieron los refuerzos de la trinchera, del banquillo. En oleadas. A rebato. Primero Etxeberria, el que envió a Yeste a su hábitat, la media punta. Luego acudió Urzaiz, el que se quedó con los cabezazos que antes eran del capitán. Por último, apareció Dañobeitia. Toda la artillería. Yeste reculó. Hasta hizo de líbero a tiempo parcial.

Sin frescura al final

Y entonces, cuando el Athletic estibó el partido hacia la zona de ataque, a Yeste le faltó la frescura derrochada durante el largo periodo que pasó de inquilino en la inferioridad. Ayer, Yeste iba vestido a la antigua, con esas medias rojiblancas que guardan la memoria de mejores tiempos para el Athletic. Ataviado para una fiesta, para un triunfo ante un Sevilla lastrado prematuramente por la expulsión de Dragu, para una victoria en superioridad y tan necesaria. Pero acabó de negro, descompuesto, como un futbolista deshabitado. Se marchó del campo negando con la cabeza. Hablando solo. Como durante buena parte del encuentro.



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