El Gobierno ha anunciado su intención de poner en marcha un programa de subvenciones a la compra por las familias de nuevos electrodomésticos con la condición de que sean más eficientes en el uso de energía. Este 'plan renove' -encuadrado en otro más amplio que cuenta con casi trescientos millones de euros, el Plan de Acción de Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética- subvencionará con un mínimo de 50 euros cada nuevo aparato de bajo consumo adquirido. Y es que el gasto energético de los hogares españoles, cuyo consumo en bienes duraderos se duplica cada diez años, crece imparable mientras que nuestra dependencia energética -sobre el 80%- es la más alta de la Unión Europea. Comparado, además, con el resto de la UE, el consumo español de energía no es eficiente: mientras el cociente entre gasto energético y Producto Interior Bruto ha estado bajando en Europa en los últimos veinte años, en España ha seguido el camino inverso. Por ello, cualquier esfuerzo para mejorar la eficiencia ha de ser bien recibido.
Ahora bien, cabe preguntarse si la medida propuesta es la mejor, o si un sistema de incentivos a través de los precios podría ser más atractivo quizá para los consumidores. En la decisión de compra de un electrodoméstico, el criterio del ahorro de energía sólo será importante si el precio de éste refleja su auténtica escasez. De la misma manera que los que adquieren coches valoran el gasto en combustible, los compradores sabrían muy bien cómo elegir aparatos eficientes, por lo que el Ministerio de Industria podría facilitar el funcionamiento del mercado con otras medidas que no implicasen dedicar el dinero de los contribuyentes. Conceder a los usuarios un subsidio supone, además, otro nuevo incremento de gasto público y un proceso redistributivo cuya justificación fiscal no está suficientemente clara.