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Lunes, 6 de marzo de 2006
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El Lagun Aro firma un triunfo vital ante el Akasvayu
Los de Vidorreta vuelven a respirar con normalidad tras ganar al Akasvayu por efectividad, casta y ambición
El Lagun Aro firma un triunfo vital ante el Akasvayu
CLAVE. Panko se encargó de contestar la casta de Kammerichs. / FOTOS: BORJA AGUDO Y JORDI ALEMANY
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Una de las mayores complejidades que se da en la vida -y por ende en el deporte- es saber calibrar la combinación entre un corazón caliente y una cabeza fría. Repartir en su justa medida las virtudes de ambos estados encierra incógnitas pocas veces despejadas. Ayer, el Lagun Aro tuvo el día inspirado para deshacer entuertos y dio con la llave que abría de par en par la puerta atrancada por el Akasvayu Girona, que una vez franqueada da paso a una visión francamente primaveral de la ACB.

Que no iba a ser sencillo imponerse a los catalanes era una perogrullada. Más que por su potencial -tan respetable como oscilante-, por conocer con qué argumentos tratarían de llevarlo a cabo los de La Casilla. Iniciar un trecho de calendario peliagudo con tres derrotas consecutivas en la mochila y las dudas lógicas de quien acaba de variar notablemente la plantilla con las llegadas de Rancik y el debutante Stefanovic, supone un esfuerzo mental y físico muy respetable. Y eso es lo que han conseguido - o deberían conseguirlo de una vez- Vidorreta y sus hombres, ganarse el respeto. El de la competición ya lo tenían. El de los rivales, cada vez es más comentado. El del público, no está mal. El de los árbitros... es otro cantar.

Tras unos esbozos en tonos pastel, el Lagun Aro superó su primer escollo con solvencia. Se empotró cuatro ataques consecutivos con cierta inoperancia. Tres pérdidas y un pase sin destinatario. Miedo. De poco había servido que el respetable, que llenó por sexta jornada consecutiva La Casilla agotándose todas las entradas, se frotara las manos con el triple de Scott que abrió el marcador. Pero la cosa no fue a más. Rancik y Montañez, también desde la línea de tres, nutrieron a los vizcaínos lo suficiente para iniciar un dominio en el luminoso que acabaría por no tener marcha atrás.

Con Rancik -titular- y Panko como referentes en ataque, el Lagun Aro era capaz de mantener a raya a la pléyade de apellidos ilustres que tenía enfrente, entre los que sólo el orgullo argentino de Kammerichs -cualquiera quisiera tener a alguien así en su equipo- aportaba algo positivo junto a ramalazos de un buen Raúl López y la constancia de Thompson. Daba la sensación de que los locales estaban haciendo más méritos para llevarse la recompensa. Pero las diferencias no se abrían más allá de la decena. Scott se ofrecía con cuentagotas en ataque, cerraba filas a la hora de hacer el largo hacia el aro rival y se intuía que tuviera su día tonto. Bendita tontería la del de Little Rock, que emergería tras el descanso para repetir sus dos movimientos estrella ante las defensas de Gabriel y Thompson. Se iría hasta los 26 puntos de valoración y el poso que dejó es que guardó comodines en el bolsillo.

Variado protagonismo

El protagonismo de los de La Casilla fue variado. También destacó Montañez -sin fallo ante la canasta gerundense- y Salgado, en una buena línea de juego y participación -5 rebotes y 6 asistencias-. No fue el día de Weis por las personales. También las faltas sentaron con prontitud a Savovic, que repetía titularidad tras la vivida en el Madrid Arena. Había muchos apuntes positivos y el despegue pareció llegar, de nuevo desde la línea de tres con sendas dianas consecutivas de Panko y Scott (59-45).

A diferencia de casi todas las jornadas anteriores, la permuta en la dirección del equipo no pasó factura. Stefanovic hizo lo que debía, achuchó a Raúl López, se enceló en un contragolpe que quiso culminar erróneamente y se jugó un tiro desde cuatro metros cuando debía hacerlo. Mantuvo las constantes dejadas por Salgado y el Lagun Aro,por él, no se descompuso. Pero aún le queda trabajo al equipo para no conceder ventajas.

Comenzó a zanjar ese déficit también ayer, cuando no se desmoronó porque el Akasvayu le empatara a cuatro minutos de la conclusión (77-77). Una antideportiva a Banic le había hecho mucho daño, pero ya para entonces los de Torres abochornaban a su técnico con su falta de pericia desde los tiros libres. Los árbitros acabaron por encender las gradas y las cabezas funcionaron como debían pese a los baldes de sangre bombeados por corazones pasados de vueltas. Misión cumplida en tiempo y forma. Los balinazos desde la línea de libres hicieron el mismo efecto que un balazo. Pieza al zurrón.



Vocento