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Martes, 7 de marzo de 2006
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VIZCAYA
VIZCAYA
Coraje de mujer
Un libro relata la dureza de los trabajos realizados por las vizcaínas del siglo XIX
Coraje  de mujer
LAS MINERAS se encargaban de desmenuzar la roca. / EL CORREO
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«A los viajeros que se asomaban hace un siglo a Vizcaya les causaba un enorme asombro la laboriosidad de las mujeres en los oficios más duros. En los puertos y en las minas, en el campo y en la ciudad, una legión de cargueras, layadoras, sardineras o lavanderas trabajaban de sol a sol, por pura necesidad, en un tiempo en el que la pobreza y la austeridad reinaban en las vidas de la inmensa mayoría».

Estas líneas abren la puerta hacia un capítulo diferente de la historia. Una cara oculta, pero de vital importancia para el desarrollo del territorio histórico. La profesora de la UPV Nerea Aresti presentó ayer en el aula de Cultura de la BBK de Bilbao su último libro. De título 'Las trabajadoras vizcaínas (1870-1936)', su objetivo es «homenajear a aquellas mujeres cuyo trabajo nunca les fue reconocido», describió.

En sus más de 170 páginas, la autora ha querido combinar el texto con una recopilación de fotografías antiguas que reflejan «una realidad eclipsada». El desarrollo industrial provocó que la mayor parte de los hombres buscaran un hueco en las fábricas y en las minas. El papel femenino quedó entonces relegado a los trabajos rurales, comerciales y familiares. «Tareas penosas como cargar bacalao y sal, lavar la ropa en las orillas de los ríos o tejer un sinfín de trajes», destacó la historiadora Toti Martínez de Lecea, también presente en el acto. Labores que acarrearon enfermedades como la tuberculosis o la ceguera y por las que recibían la mitad del sueldo de un varón.

«Sexo débil»

Los puestos cualificados les estaban vetados al ser consideradas el «sexo débil». Prueba de ello es que, según refleja la obra de Aresti, a medida que se iban modernizando tareas como el transporte portuario, el sector iba siendo ocupado por los hombres.

La llegada de los años 20 fue crucial. La mujer empezó a ejercer de maestra, enfermera y secretaria. «El problema es que, con ello, las labores iban devaluando su valor social», señaló la escritora. A pesar de todo, el futuro era esperanzador. Hasta que la Guerra Civil volvió, no obstante, a acabar con todas sus expectativas. La igualdad se haría esperar.



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